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Karl Jaspers. Destino y Voluntad — Libertad y Conocimiento

20 Dic

 Sus escritos autobiográficos nos revelan una faceta desconocida del filósofo alemán, que abandonó la medicina para dedicarse a la gran tarea de esclarecer las cifras del ser humano. Por encima del dato anecdótico y de la mera evocación, Jaspers juzga situaciones y personas, tratando de establecer con el lector una comunicación personal —base, por lo demás, de su filosofía—, acercándonos una vida que él ve realizarse entre el destino —lo insoslayable— y la voluntad —lo que el hombre consigue por su esfuerzo–.

Karl Jaspers

Karl Jaspers

1. Biografía del autor

Karl Theodor Jaspers (Oldenburg, 23 de febrero de 1883 – Basilea, 26 de febrero de 1969), psiquiatra alemán y filósofo, tuvo una fuerte influencia en la teología, en la psiquiatría y en la filosofía moderna. No disfrutaba del estudio de leyes y en 1902 decide estudiar medicina. Se doctoró en 1909, y comenzó a trabajar en el hospital psiquiátrico de Heidelberg donde Emil Kraepelin había trabajado años antes. Jaspers se mostró insatisfecho con la forma en que la comunidad médica de la época abordaba el tema del estudio de las enfermedades mentales, y se propuso la meta de mejorar este aspecto. Esta insatisfacción con el entendimiento popular y médico de las enfermedades mentales lo llevó a cuestionar tanto el criterio de diagnóstico como los métodos clínicos de la psiquiatría. Publicó un tratado revolucionario en 1910, el que versaba sobre si la paranoia era una faceta de la personalidad o el resultado de cambios biológicos. Si bien no aportó muchas ideas nuevas, sí introdujo un nuevo método de estudio. Jaspers estudió varios pacientes en detalle, registrando información biográfica respecto de ellos y notas de cómo se sentían los propios pacientes acerca de sus síntomas. Esto llegó a ser conocido como el método biográfico, y hoy forma parte de la práctica de la psiquiatría moderna.

En 1913 Jaspers ocupó un puesto temporal como profesor de psicología en la facultad de filosofía en la Universidad de Heidelberg. El puesto luego se haría permanente, y Jaspers nunca regresó a la práctica clínica. A partir de 1916 Jaspers abandona la medicina y se dedica a la enseñanza de la Psicología, para luego obtener en 1921 el grado de profesor titular de la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Heidelberg. Desde entonces su preocupación fundamental es la Filosofía, la que desarrolla profusamente hasta su muerte en 1969, a la edad de 86 años.

Psicopatología

Psicopatología

Sin embargo hubo una interrupción brusca de su actividad universitaria durante el régimen nacional-socialista: la circunstancia de que su esposa Gertrud Mayer fuera judía y la negativa de Jaspers a separarse de ella uniéndose en fingido matrimonio con una “aria pura” ­entre otras cosas­ motivaron su separación de la cátedra universitaria. Poco antes de entrar a dar su última clase del semestre del verano de 1937, Jaspers se enteró que según determinados párrafos de una “nueva ley” de empleados públicos, se lo “jubilaba” a partir de entonces. Dictó su clase como si nada hubiese sucedido. Tan sólo al final pronunció las siguientes palabras: “a menudo he dicho al terminar un semestre que la filosofía no es una totalidad redonda; el hecho de que las lecciones planeadas concluyan antes de que el plan se logre completar, es un símbolo de la filosofía… Una lección termina, pero la filosofía sigue su curso…”. El cerrado aplauso que coronó sus últimas palabras ­comenta Hans Saner­ le demostró que los oyentes estaban enterados de su jubilación por la “nueva ley”.

1.1. Solidaridad absoluta

Treinta años más tarde, al recordar Jaspers esos años y la prohibición no sólo de enseñar sino también de publicar, “agradecía” a Hitler esos “ocho años de vacaciones forzadas”, sin los cuales “jamás habría podido elaborar mi filosofía…”.

Pero en su Diario, iniciado a partir de su salida de la Universidad, el temple era muy diferente: “La separación de mi cargo provocó en un primer momento conmoción. Se me expresaron condolencias; la Universidad fue compadecida; se pensó que debía sugerírseme que continuara mis lecciones en forma privada. Pero ahora (1939), cuando la cosa ha llegado a ser realmente seria y peligrosa para el cuerpo y hasta para la vida de cada uno, la gente se retrae silenciosamente, no habla, no extiende una mano salvadora”.

Reflexiona Jaspers sobre las posibilidades de respuesta ante el peligro que acecha a su esposa. Dice: “el fundamento de nuestra acción debe seguir siendo el hecho de que no nos separemos el uno del otro. Que el mundo, que nos quiere separar mediante la clasificación racial, no penetre en nosotros; que permanezcamos absolutamente solidarios, y no sólo solidarios bajo determinadas condiciones”. Al año siguiente dice: “Los poderes que pretenden obligarla a morir también me matan a mí. Esta solidaridad es absoluta”(ibid).

El problema de la culpa - Sobre la responsabilidad politica de Alemania

El problema de la culpa – Sobre la responsabilidad política de Alemania

La idea de dejar Alemania es rechazada por dos razones. La primera, porque cierto ofrecimiento que le fue hecho para radicarse en París (antes de la invasión alemana) tiene para Jaspers la velada intención de explotar políticamente su decisión; y la segunda, su profundo amor a Alemania que lo arraiga a ella. Sin embargo, este amor no es un apego a la tierra, y mucho menos al Estado alemán. Se trata de que al sentirse expulsado de su propio pueblo por la arbitrariedad política del estado Nacional-Socialista, se vive una situación límite de aislamiento; y en tal situación “al hombre no le queda sino su Dios. Se trata de un nihilismo universal que apenas sí puede ser vivido, pero que, si es real y verdadero, quizás pueda consumar el más profundo paso hacia la trascendencia. Pero…tan difícil y tan incierto”(ibid).

La otra alternativa era el suicidio. Las razones filosóficas en contra del suicidio cesan allí donde la destrucción es absolutamente segura. “Permanecer en Alemania, dice, es como vivir al borde de la muerte”. Y eso porque Jaspers está dispuesto a morir por Gertrud, y “desde ahora, la vida tiene que someterse a esa medida y a ese riesgo. Para existir el hombre necesita encontrar un eco acogedor a su presencia en el mundo, y conservar la vida sólo tiene sentido si no es a costa de concesiones degradantes”. El acto suicida deja de ser tal (Selbst-Mord) cuando consiste en la anticipación honrosa a una segura ejecución.

Así, en 1939 sólo era posible vivir en una “disponibilidad para el suicidio” (ibid).

En 1940 le fue negada a Jaspers la adquisición de un predio en el cementerio de Heidelberg en razón del origen judío de su esposa. Entonces, lo que para Jaspers era lo alemán ya nada tenía que ver con el Estado, con el lugar o con la tumba. “Tenía la certeza de que lo alemán, en lo que vivo, de donde vengo, por lo que obro, posee un espacio más amplio que esa estrechez, esas trabas nacionales absurdas” (ibid). Esta concepción de la supraestatalidad de lo alemán complicará años después a Jaspers en acres controversias con la dirección política de la República Federal Alemana.

1.2. La culpa

Al terminar la guerra Jaspers fue uno de los primeros que planteó a su pueblo la cuestión de la culpa, resumida en dos puntos fundamentales: “Cuando nuestros conciudadanos judíos eran transportados (a los campos de exterminio) no salimos a la calle, no gritamos hasta ser también nosotros aniquilados, por la justa pero en algún modo insatisfactoria razón de que ello de nada hubiera servido; no habría causado ninguna impresión ni tenido sentido. ¡El hecho de que aún vivamos es nuestra culpa!”. El segundo es: “Hemos vivido en el Estado que cometió esos crímenes. Por cierto no somos culpables como personas, en sentido moral o criminal. Pero, por cuanto hemos vivido en ese estado y como ciudadanos de él, no podemos separarnos de él. Esto significa: en el nuevo Estado somos responsables de lo hecho por el anterior Estado criminal. Debemos soportar las consecuencias. Eso quiere decir tener responsabilidad política… ”.

Su invocación cayó en el vacío. Así, un hombre que prefirió vivir en Alemania bajo el nazismo, en un peligro permanente, condenado al miedo, al silencio y al alejamiento de su vocación universitaria, se vio obligado a emigrar ya anciano a Basilea, abandonando Heidelberg después de cuarenta años. Durante los años de silencio Jaspers se había concentrado en el estudio y continuó escribiendo “anacrónicamente”, “para el caso de que sucediera lo poco probable…, es decir, sobrevivir y reunirse otra vez con los viejos amigos”. Así surgió la primera parte de su “Lógica Filosófica”, titulada Sobre la Verdad, escrita en vista de la desgracia de la falta de verdad del mal. Según Presas, algunos creen poder decir que Jaspers, en la década del treinta, emprendió la tarea de rehabilitar la razón como concepto fundamental, descuidando un tanto lo existencial que, como es sabido, es el tono de casi toda su filosofía.

2. ¿Quién era Jaspers?

Los grandes filósofos. Vol. I

Los grandes filósofos. Vol. I

Pero, ¿quién era este hombre, casado con la hermana del médico Ernst Mayer con quien había conocido la excepcional experiencia de la “comunidad en el filosofar”; este hombre excluido y acallado por el nazismo; este filósofo, psicólogo y médico psiquiatra? Este hombre, delgado y muy alto, aquejado de broquiectasias congénitas que le impedían desde muy temprano el esfuerzo físico, siendo un adolescente de 18 años, en 1901 viajó a Heidelberg. Allí comienza los estudios de jurisprudencia, pero al mismo tiempo asiste a las clases de Kuno Fischer sobre Schopenhauer. Viaja a Italia durante sus vacaciones para poder admirar personalmente las obras que estudiaba con el profesor de arte Henry Thode. El semestre siguiente prosigue sus estudios de derecho en Múnich, donde nuevamente asiste a clases de filosofía, teniendo ocasión de escuchar a Theodor Lipps. A los 19 años escribe a sus padres: “Desde hace un mes he decidido abandonar el estudio del derecho y dedicarme a estudiar medicina… Si yo fuera un cerebro privilegiado, estudiaría en primer lugar ciencias naturales y filosofía, con el propósito de seguir directamente la carrera académica. Obtendría mi grado de doctor en filosofía, estudiando, además, detenidamente, medicina, como una de las bases sobre la cual pueden edificarse la psicología y la filosofía. Pero dado que no se cumplen en mí tales requisitos, me vuelco al estudio de la medicina… Ahora bien, mi plan es el siguiente: luego de cursar el número de semestres establecidos ­son once o doce­ rendiré el examen de licenciatura. Si después de ello sigo creyendo, como ahora, que poseo la capacidad adecuada, paso a dedicarme a la psiquiatría y a la psicología. Luego sería médico en un hospital de alienados o asistente de algún psiquiatra de la universidad. Finalmente, tal vez, seguiría la carrera académica, según el modelo de Kraepelin en Heidelberg…. La filosofía se verá vivificada en mi espíritu gracias a la medicina y a las ciencias naturales. Espero que aquélla me preserve de la unilateralidad y la habitual arrogancia de los que cultivan las ciencias naturales… En general, la filosofía dará substancia a la vida. Ella es necesaria para precaverse de los absurdos del pensamiento científico natural (ibid)”.

De acuerdo con esto, Jaspers realiza sus estudios médicos en Berlín, Göttingen y Heidelberg. En 1909 ingresa a la Universidad de Heidelberg, invitado por el profesor Franz Nissl, quien había leído con interés su tesis doctoral (Nostalgia y Delito). Permanece allí dedicado a la Psiquiatría hasta 1915. Escribe, entre tanto, la Psicopatología General, con vistas a obtener la habilitación para enseñar psicología. Windelband, que tenía a su cargo la dirección de la obra, se declaró incompetente para juzgarla, razón por la que el tribunal fue integrado por Nissl, Max Weber y Kulp. En 1913 obtiene autorización para realizar docencia en psicología.

En 1921, a Driesch, que era profesor supernumerario de filosofía en Heidelberg, se le ofreció una cátedra en Colonia. Jaspers con la obra Psicología de las Concepciones del Mundo, que había publicado en 1919 como el producto de su actividad como docente en psicología, se aproximó a Heinrich Maier, de gran prestigio como filósofo, y le dijo: “Señor ‘Geheimrat’, le traigo mi libro y le pido que lo examine para saber si es posible ampliar mi habilitación a filosofía”. “Querido colega, le contestó Maier, no es necesario ¡si va a ser usted el sucesor de Driesch!”. Para Jaspers mismo ésta era una situación, por decir lo menos, especial: un doctor en medicina convertido en catedrático de la Facultad de Filosofía. En esa época, en Heidelberg se exigía para el cargo de profesor un doctorado, pero no se especificaba que necesariamente fuera en la misma especialidad a la que se optaba.

2.1. Un cuerpo extraño

Los grandes filosofos.  Vol  II:  Los fundadores del filosofar: Platón, Agustin, Kant

Los grandes filosofos. Vol II: Los fundadores del filosofar: Platón, Agustin, Kant

Después del nombramiento de Jaspers el reglamento fue cambiando y nunca más un doctor en medicina podría pretender ser catedrático de una Facultad de Filosofía. No obstante, a poco andar, Jaspers se convirtió en un “cuerpo extraño” en la facultad, no por ser médico sino por su postura frente a la idea de universidad. Un hombre que tomaba muy en serio lo que la universidad debía ser se había introducido ­nos confiesa en su Autorretrato­ en el engranaje de un sistema universitario en el que ya apenas era válida esa idea. “Digo engranaje, afirma Jaspers, pues la universidad no es ya más que un aparato revestido de viejas tradiciones hoy ineficaces”. Le parece que se ha perdido el sentido de “unísono” entre los intelectuales: desde el estudiante hasta el catedrático estaban enormemente orgullosos de ocupar aquel puesto tan elevado, orgullo del que hacían alarde en todas las ocasiones posibles. La diferencia entre los distintos estamentos hasta llegar a los Privatdozent, llevaba a que cada uno “tuviera en menos al siguiente de él”. “Estaba corrupto el espíritu de conjunto ­decía­ y era el espíritu de jerarquía el que predominaba: se exigía autoridad en función del cargo. En vez de ser el momento de máximo esfuerzo, la obtención del cargo de profesor hacía que el trabajo creativo y las publicaciones mermaran, con la excusa de que la profesión demandaba muchas ocupaciones. En la mentalidad de los investigadores ­concluye enfáticamente­ y en la manera de llevar los negocios universitarios oficiales se había ido a pique la idea de universidad: más aún, se le ponía en ridículo, como perteneciente a tiempos pasados y se anhelaba tercamente la universidad moderna, una universidad que seguía llevando el nombre de tal, pero que no tenía contenido”.

2.2. Rumbo a Basilea

En febrero de 1948 Gertrud y Jaspers se fueron a Basilea (Suiza). Las razones son muy complejas. Heidelberg había sido durante cuarenta años su ciudad y, espiritualmente, su única ciudad. El destino de ambos, y el horror vivido bajo el nazismo, junto a la inspiración que la vieja universidad guardaba en la memoria, hacían que cada calle, cada rincón, el parque del castillo y el paisaje, les hablaran y les actualizaran recuerdos maravillosos y tiempos horribles. Allí se encontraban los viejos amigos que los habían protegido durante la época nazi, allí se encontraba la casa; allí se encontraban sepultados hombres admirables en el cementerio del “Monte”, considerado como una comunidad que trascendía el tiempo. ¿Por qué emigrar en la vejez, si ya estaban liberados del derrotado nazismo? “Porque todo había cambiado ­afirma Jaspers­, el Heidelberg auténtico era precisamente un recuerdo”, y su realidad actual les causaba un profundo dolor, una nostalgia inmensa. “En el fondo se había transformado nuestra conciencia existencial. El Heidelberg actual no era ya algo nuestro”.

2.3. El Comité de los Trece

En abril de 1945 llegaron los americanos y bajo su custodia se formó un comité (Comité de los trece). La universidad estaba cerrada por tiempo indefinido y el objeto de esta Comisión era preparar su apertura, crear las bases de sus estatutos y bosquejar las líneas fundamentales de su espíritu. No obstante, los americanos encargados de la universidad, “personas excelentes y preocupadas por su bien”, a pesar de su buena voluntad desconfiaban (como es comprensible) de casi cada alemán. “Una tarde un grupo de CIC realizó un registro de la Universidad y quiso detener al señor Bauer por su pasado nazi. Bauer era un cirujano de formación considerable”. Fue difícil impedirlo. Algunos profesores exigían la exclusión de los que habían sido nacionalsocialistas. La mayoría de los que habían sido antes arrinconados, investigadores y excelentes hombres de ciencia, querían continuar su trabajo especializado, pero sin demostrar interés alguno por la universidad. La última palabra la tenía el gobierno de ocupación americano, y éste quería la universidad libre de nacionalsocialismo. “En el verano de 1945 los americanos, basándose generalmente en testimonios orales, escogieron quiénes podían ser restablecidos en sus cargos y quiénes no, seleccionando un pequeño grupo del que se eligió el primer rector”. Los informes de la comisión que integraba Jaspers “se perdieron entre los grandes montones de actas de los americanos”.

Muy pronto surgió entonces una atmósfera antiamericana, que no procedía de un reproche a su voluntad y franqueza, sino de una aversión, largamente engendrada, a todo régimen militar. La mayor parte de los profesores se preocupaba sólo de mantener sus puestos, o de defender a sus colegas nacionalsocialistas (algunos, hombres de gran valía) y no de la universidad. “Finalmente la reforma universitaria se quedó en lo externo: en una reestructuración puramente material”(ibid).

Parecía como si la mentalidad y la actitud de los hombres no hubieran cambiado en absoluto. Querían vivir, pero no querían reflexionar ni interesarse por el curso de los acontecimientos o por cómo influir en ellos. Todos los nacionalsocialistas echaban la culpa a Hitler: “abusó de nosotros”(ibid).

A pesar de tantos motivos, el viaje a Basilea, para el mismo Jaspers, fue un momento de profundas ambivalencias, producto de los esfuerzos contradictorios por recuperar lo ya perdido y las esperanzas bloqueadas por “minucias y grandes problemas”; por discordias y, en último término, por soledad. “El destino decide ­anota Jaspers­ y la voluntad se somete. Nos sentimos llamados (a emigrar), y tuvimos confianza”.

3. La filosofía

La filosofia desde el punto de vista de la existencia

La filosofia desde el punto de vista de la existencia

Un esbozo de la filosofía de Jaspers excede los propósitos de estas líneas, pero sí es posible delinear algunos aspectos de su concepción sobre el hombre, que está a la base de su concepción de la universidad. En 1947, invitado por la Fundación Académica Libre y la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de Basilea, muy poco antes de radicarse allí, pronunció cuatro notables conferencias bajo el sugerente título de “La Fe Filosófica”, en las que breve y conmovedoramente entrega su posición frente al hombre, la filosofía y el conocimiento. Para Jaspers son dos los caminos que señalan al hombre: el hombre como objeto de investigación y el hombre como libertad. Como objeto de investigación el conocimiento obtenido se extravía cada vez que formula juicios totales sobre el ser humano. Cada vez que insinúa un pretendido estar enterado en conjunto. El saber de la anatomía, la fisiología, la psicología, la sociología, la antropología, etc., por muy considerable que sea, posee un rasgo fundamental y característico: es un conocimiento parcial, particular y disperso aún en las totalidades relativas. Esto acontece porque el hombre es siempre más de lo que se sabe de él. La comprensión que realiza la ciencia posee un límite que, al mismo tiempo de detenerla, le da sentido: el comprender científico tiene sentido justamente por la circunstancia de que comprendiendo se tropieza con lo auténticamente incomprensible. Si bien la investigación revela aspectos notables sobre el hombre, mientras más avanza, mayor conciencia adquiere de que el hombre en conjunto nunca podrá ser objeto de investigación.

3.1. Libertad y conocimiento

Del mismo modo en que Jaspers concibe que el mundo en sí no puede comprenderse en su conjunto en base a uno, varios o muchos principios previsibles, pues en ese mismo instante el conocimiento se deshace (el conjunto está en el mundo pero no abarca al mundo), el hombre está cierto de lo que es el hombre de un modo que existe antes y después de la investigación. Se refiere Jaspers a la libertad, que no puede incluirse a modo de objeto en el conocimiento, pues al investigarse el hombre a sí mismo “dejamos de ver la libertad para ver sólo ser así, figura, relación, necesidad casual”. “No obstante, la conciencia de seres humanos la obtenemos de la libertad”.

De allí que cuando el conocimiento se absolutiza y pretende efectivamente convertirse en conocimiento del hombre en conjunto, la libertad desaparece. Tal cosa ocurre con “las teorías del hombre trazadas para horizontes limitados, que justamente nos esconden al hombre mismo cuando pretenden indagar más que aspectos de su fenómeno”.

Esto, para Jaspers, está lejos de ser una mera discusión abstracta. El absolutismo del conocimiento conduce a descuidar la imagen del hombre y esto a descuidar al hombre mismo, pues “la imagen del hombre que tenemos por verdadera se torna uno de los factores de nuestra vida, decide sobre los modos de nuestro trato con nosotros mismos y con nuestros semejantes y la elección de tareas”.

La inabarcabilidad del mundo ­el mundo se revela sin fondo­, hace que el hombre halle en sí lo que no encuentra en ninguna parte del mundo: “algo incognoscible, indemostrable, jamás objetivo, algo que se sustrae a toda ciencia investigadora: la libertad y lo con ella relacionado”.

Si la libertad no es objeto de conocimiento no puede demostrarse a quien la niega. “Y como la libertad se halla en el origen de nuestro obrar y de nuestra conciencia de ser, lo que el hombre sea, no sólo es contenido de saber, sino fe. Cómo el hombre tenga certidumbre de su ser humano, es un rasgo fundamental de la fe filosófica”.

Karl Jaspers

Karl Jaspers

Para Jaspers la libertad es inseparable de la conciencia de finitud. La idea de límite, cuyos contenidos para Jaspers son básicamente la muerte, la lucha, el azar y la culpa, se estructura en base a antinomias: la muerte y la vida, la lucha y la ayuda mutua, el azar y el sentido, la culpa y la purificación, cada una de las cuales conforma una situación límite. La radicalidad de esas antinomias se hace evidente en psicopatología, en las que emergen con una pureza que asombra; así, por ejemplo, en la desesperación del paranoico ajena a toda solidaridad; en la intuición de aniquilación del agorafóbico, en el afán infatigable del obsesivo por conjurar el azar, en la rigidez del carácter neurótico para la experiencia de lo nuevo y lo original; en la tortura melancólica por la culpa inexpiable y por el caos, y muchas otras, en complejas relaciones entre sí. Sin embargo, una relación más profunda tal vez es aquella en que estas situaciones límites se expresan al unísono en las obras de la cultura.

Para Jaspers la obra cultural contiene las intuiciones originarias, que se transmiten históricamente. Las respuestas a las preguntas fundamentales son aquí dadas en forma irreflexiva, pero con la consistencia de los hechos concretos. Estas intuiciones originales abarcan la religión, el arte plástico y la poesía y constituyen el organon del filosofar; en ellas está oculta la filosofía, la que hay que reconquistar siempre de nuevo. Las creaciones poéticas no son susceptibles de interpretación hasta su fondo mismo: de serlo, no serían genuinamente creaciones poéticas. Sólo es dable trazar ciertos lineamientos interpretativos que no hacen otra cosa que poner de relieve el fondo inagotable que contienen.

La obra cultural en la que las situaciones límites adquieren cumbres desgarradoras es la tragedia: allí se concentran en una totalidad compacta, la lucha, la muerte, el azar y la culpa; pero junto a ellas, y de allí lo notable, la solidaridad, la redención, la liberación y, sobre todo, el sentido.

La vida realizándose en la muerte, la lucha en el reencuentro con lo Uno (lo abarcador), la culpa en la purificación redentora, y el azar (destino) en el sentido pleno y definitivo de una existencia.

Obras del autor

φ Jaspers, Karl (1933). Ambiente espiritual de nuestro tiempo. Barcelona-Buenos Aires, Editorial Labor. OCLC 2661126.

φ Jaspers, Karl (1937). Descartes y la filosofía. Buenos Aires, Editorial Leviatán 1996. ISBN 978-950-954-669-1.

φ Jaspers, Karl (1953). La fe filosófica. Buenos Aires, Losada.

φ Jaspers, Karl (1955). Nietzsche y el cristianismo. Buenos Aires, editorial Deucalión. OCLC 55373932.

φ Jaspers, Karl (1959). Esencia y crítica de la psicoterapia. Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora. OCLC 30317639.

φ Jaspers, Karl (1960). Esencia y formas de lo trágico. Buenos Aires, Editorial Sur. OCLC 34461369.

φ Jaspers, Karl (1963). Nietzsche. Buenos Aires, editorial Sudamericana. OCLC 37114410.

φ Jaspers, Karl (1964). Autobiografía filosófica. Buenos Aires, Editorial Sur. OCLC 318449067.

φ Jaspers, Karl (1966). La bomba atómica y el futuro del hombre. Taurus Ediciones. ISBN 978-84-306-9002-2.

φ Jaspers, Karl (1993). Cifras de la transcendencia. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-0638-5.

φ Jaspers, Karl (1967). ¿Dónde va Alemania? Cid. ISBN 978-84-7045-165-2.

φ Jaspers, Karl (1969). Entre el destino y la voluntad. Ediciones Guadarrama. ISBN 978-84-250-0078-2.

φ Jaspers, Karl (1977). Escritos psicopatológicos. Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2454-6.

φ Jaspers, Karl (1972). El estoicismo. Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2205-4.

φ Jaspers, Karl (1972). Psicopatología General, cuarta edición, Buenos Aires, Editorial Beta.

φ Jaspers, Karl (1968). La fe filosófica ante la revelación. Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2151-4.

φ Jaspers, Karl (1968). Filosofía de la existencia. Aguilar. ISBN 978-84-03-14019-6.

φ Jaspers, Karl (1985). Filosofía de la existencia. Planeta-De Agostini. ISBN 978-84-395-0020-9.

φ Jaspers, Karl (1981). La filosofía desde el punto de vista de la existencia. Fondo de Cultura Económica de España. ISBN 978-84-375-0208-3.

φ Jaspers, Karl (2001). Genio artístico y locura. El Acantilado. ISBN 978-84-95359-76-6.

φ Jaspers, Karl (1968). Genio y locura. Aguilar. ISBN 978-84-03-14020-2.

φ Jaspers, Karl (1993). Grandes filósofos: hombres fundamentales: Sócrates, Buda, Confucio, Jesús. Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-2379-3.

φ Jaspers, Karl (1998). Los grandes filósofos: los metafísicos que pensaron desde el origen: Anaximandro, Heráclito, Parménides. Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-3176-7.

φ Jaspers, Karl (2001). Los grandes maestros espirituales de oriente y occidente. Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-3634-2.

φ Jaspers, Karl (1983). Iniciación al método filosófico. Espasa-Calpe. ISBN 978-84-239-2028-0.

φ Jaspers, Karl (1989). Introducción a la filosofía. Círculo de Lectores. ISBN 978-84-226-2709-8.

φ Jaspers, Karl (1997). Libertad y reunificación, tareas de la política alemana. Ediciones Universidad Salamanca. ISBN 978-84-7481-871-0.

φ Jaspers, Karl (1996). Lo trágico, el lenguaje. Editorial Ágora. ISBN 978-84-8160-034-6.

φ Jaspers, Karl (1990). Notas sobre Martin Heidegger. Mondadori. ISBN 978-84-397-1729-4.

φ Jaspers, Karl (1995). Origen y meta de la historia. Ediciones Altaya. ISBN 978-84-487-0205-2.

φ Jaspers, Karl (1988). La práctica médica en la era tecnológica. Editorial Gedisa. ISBN 978-84-7432-298-9.

φ Jaspers, Karl (1998). El problema de la culpa: sobre la responsabilidad política de Alemania. Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-493-0561-0.

φ Jaspers, Karl (1967). Psicología de las concepciones del mundo. Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2139-2.

φ Jaspers, Karl (1986). Strindberg y Van Gogh. Nuevo Arte Thor. ISBN 978-84-7327-141-7.

φ Jaspers, Karl (2003). Nietzsche: Introducción a la comprensión de su filosofar. Buenos Aires, Sudamericana. OCLC 657134669.

 

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