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Santiago Ramón y Cajal: ‘Cuentos de vacaciones’

03 Ene

Explicar los conocimientos científicos a los no científicos es una actividad que el estudioso de la ciencia en ocasiones se impone. Las razones son al menos tres.

a) Se entiende el conocimiento científico como universal. Esto es, como propiedad de toda la humanidad.

b) El conocimiento científico es algo que en el mejor de los caso podría ser comunicado de forma que el receptor lo comprenda por completo. Al contrario que en una obra artística, ya que en ese caso el hecho de que nadie la pudiera entender no invalidaría su valor como arte.

c) El científico quiere compartir algo de sus conocimientos e intuiciones con el público general, ya sea porque quiere transmitir la belleza que la visión científica del mundo implica o porque los adelantos científicos afectarán, o deberían afectar, de forma poderosa a la vida de todos.

Ramon y Cajal, por Sorolla

Ramon y Cajal, por Sorolla

Alguna combinación de estos factores pudo impulsar a Santiago Ramón y Cajal a publicar en 1905 una serie de cuentos reunidos en un volumen titulado Cuentos de vacaciones. Los cinco cuentos que contiene tienen todos un eminente carácter pedagógico. En todos ellos Ramón y Cajal quiere enseñar algo al público lector español de la época aunque sea la desconfianza y el cuidado ante los avances científico. Ya en el prólogo afirma que uno de los cuento encierra un transparente símbolo de los males y remedios de la patria (p. 8)

Si bien estos cuentos no pertenecen al género de la ciencia-ficción, algunos demuestran un claro elemento especulativo muy cercano al género. Todos plantean dilemas sociales y morales de compleja solución producidos por algún tipo de avance científico, o por la no correcta aplicación de una educación científica. El mismo subtítulo del libro —Narraciones seudocientíficas— acerca las historias a una cierta forma de protociencia-ficción.

A secreto agravio, secreta venganza

El Dr. Max v. Forschung es el afortunado autor de brillantes descubrimientos fisiológicos y bacteriológicos. Tiene cincuenta años y vive feliz en su condición de sabio eminente. Su carácter quedará bien claro en este párrafo:

Hallábase a la sazón Forschung en plena fecundidad científica. Cada seis meses descubría un microbio patógeno, y cuando por excepción no hallaba nada nuevo, sabía demostrar ce por be que los microbios descritos por lo bacteriólogos rivales eran miserables bacilos descalificados o ebolaos, incapaces por ende de virtud patógena en el hombre y en los animales. Ya se comprenderá que semejante aseveración no agradaba a los adversarios del maestro, que hubieran preferido topar con gérmenes morbosos capaces de llevar la desolación a media humanidad. (p. 12)

Pero hete aquí que después de cincuenta años de celibato —el hombre, entre bacilo y bacilo no tenía demasiado tiempo para el amor— aparece Miss Emma Sanderson de 24 años y doctora en Filosofía y Medicina por la Universidad de Berlín. él se enamora, ella lo considera un buen partido, se casa y van de luna de miel al oriente próximo en busca de nuevo bacilos patógenos.

Quede claro sin embargo que a los cincuenta y tres años y con mujer joven y bonita, el culto excesivo de la ciencia es un tanto peligroso… Después de algunos años de matrimonio ella se ha enamorado de un ayudante llamado Heinrich Mosser. El doctor lo sospecha y no duda en contaminar a su ayudante con tuberculosis de vaca. Su mujer también queda contaminada demostrando así la infidelidad y el hecho de que la tuberculosis de vaca puede transmitirse a los humanos —esta última noticia causa gran satisfacción al doctor Forschung.

La pareja es internada en un sanatorio. Mosser muere y el doctor Forschung trabaja noche y día para descubrir un suero que salve a su esposa. Ella es finalmente salvada y el matrimonio se reconcilia.

Pero su mujer sigue siendo joven y bonita, por lo que el doctor —ante la imposibilidad de descubrir un suero que le rejuvenezca— decide crear un suero que envejezca a su esposa. La senilina —así bautizada— marchita el rostro y hace mayor a una persona joven. Administrado el tratamiento —al que Emma tímidamente se opone— los resultados no pueden ser más espectaculares, ya que todo el mundo piensa que la mujer del doctor ha muerto y este se a vuelto a casar con una hermana mayor de Emma.

Aquí acaba la narración, pero en una suerte de epílogo Forschung cuenta al narrador lo sucedido con el descubrimiento. Esta resulta ser la parte más interesante del cuento. Se nos dice:

Por lo pronto, ensayada [la senilina] cuidadosamente en delincuentes y locos por una Comisión de médicos legistas, ha producido, mediante inyección intravenosa, sorprendentes efectos psíquicos, resultando ser un soberano moderador de los impulsos criminales y un maravillosos sedante de la voluntad. (p. 51)

Pero donde el productor se nos presenta como verdaderamente amenazador es posteriormente cuando se afirma:

Algunos sociólogos individualistas, preocupados por la creciente amenaza del socialismo y anarquismo, han emprendido (con la consiguiente reserva) ensayos de inoculación de la nueva senilina en las clases desheredadas y conseguido resultados verdaderamente alentadores. No menos interesantes son los éxitos obtenidos recientemente por las misiones alemanas del África central. Según carta del Rv. Schaffser, que a la vista tengo, dicha panacea es un poderoso auxiliar de la evangelización, puesto que debilita notablemente el rudimentario sentido crítico de las tribus negras y apaga el ardor y fanatismo de los santones mahometanos (p. 51-52)

Cuentos de vacaciones

Cuentos de vacaciones

Este debe ser uno de los  ejemplos más tempranos sobre el control social por medio de drogas. Y queda claro —por si el brutal tratamiento al que somete a su esposa no fuese suficiente— también la increíble falta de ética del sabio. Son evidentes las limitaciones como cuentista de Santiago Ramón y Cajal. Ha invertido más de cuarenta páginas en contar la historia de Forschung, intentando mostrar la peor del carácter de los sabios, cuando podía haber empleado muchas menos y hacerlo con mayor claridad. Si no fuese por la parte final del cuento y porque en el prólogo nos dice que aquí pretende mostrar algunos rasgos salientes de la psicología de los sabios, esencialmente amoral y profundamente egotista (hay excepciones naturalmente) no quedaría definida nuestra reacción ante el personaje.

Pero queda también patente su preocupación por el destino de la humanidad. Algo todavía más sorprendente si tenemos en cuenta que si bien Cuentos de vacaciones fue publicado en 1905 lo cuentos que contiene fueron escritos entre 1885 y 1886 —según dice el mismo en el prólogo. Es evidente que Santiago Ramón y Cajal había meditado muy profundamente sobre las implicaciones sociales de sus propios descubrimientos.

El cuento termina con una nota de advertencia para España. La senilina ha sido adquirida por varios gobiernos —entre ellos el español— como medio de control social y el narrador reflexiona:

En nuestro país la senilina no hará efecto porque ya estamos adormecidos con otras drogas de pensamiento. Probablemente, lo que Santiago Ramón y Cajal pretendía con un libro como este era contribuir a un cambio de la situación social de España. El resto de los cuentos, que trataré más brevemente, describen variaciones sobre estos mismos temas.

El fabricante de honradez

En cierta forma, el fabricante de honradez repite el esquema de a secreto agravio, secreta venganza en lo que a advertencia se refiere. El doctor Alejandro Mirahonda —muy querido en su pueblo, Villabronca— expone ante los notables el descubrimiento de un suero de maravillosas propiedades:

Este suero —decía el doctor—, o dígase antitoxina, goza del a singular propiedad de moderar la actividad de los centros nerviosos donde residen las pasiones antisociales: holganza, rebeldía, instintos criminales, lascivia, etc. Al mismo tiempo exalta y vivifica notablemente las imágenes de la virtud y apaga las tentadoras evocaciones del vicio… (p. 59)

Tan extraordinarias son las pruebas que el ayuntamiento establece la vacunación obligatoria. Pero la tranquilidad desatada sobre la población se hace insoportable y finalmente es preciso devolver las cosas a su estado anterior. Así se hace, con el resultado de que las pasiones adormecidas del pueblo se precipitan en una orgía de desenfreno.

Pero el experimento había sido un completo fraude. Realmente el doctor era un experto hipnotizador que había controlado de esa forma la voluntad del pueblo. Su propósito era demostrar que tal cosa era posible, pero es el mismo quien cuestiona la bondad de tal acto al reflexionar:

[…] Demuestran mis experiencias la posibilidad de abolir la delincuencia y de imponer, sin luchas ni protestas, resignación a la miseria y al trabajo y robusta disciplina social. Mas semejante estado de cosas ¿es conveniente al progreso? ¿Estamos seguros de que la finalidad de la raza humana consiste en vegetar indefinidamente en el sosiego y la mediocridad? La suavidad y armonía de las relaciones sociales ¿no acabaría por forjar una humanidad estática y rutinaria, linfática y anodina, ahíta de fórmulas y precedentes, incapaz de todo punto para las vibrantes luchas de la civilización? La supresión del mal ¿no implicaría quizá el mayor de los males? (p. 86)

Su conclusión final es:

En resumen: mientras el animal humano sea tan vario y comparta las pasiones de la más baja animalidad será necesaria, para que el desorden no dañe al progreso, la sugestión política y moral; más esta sugestión ni deberá ser tan débil que no refrene y contenga a los pobres de espíritu y salvajes de voluntad ni tan enérgica e imperativa (cual lo sería la sugestión hipnótica) que menoscabe y comprima en lo mas mínimo la personalidad ética e intelectual de los impulsores de la civilización. (p. 89)

La casa maldita

Este es un curioso cuento con moraleja. Julián, un joven doctor arruinado adquiere una hacienda que se supone embrujada. Pronto descubre que todo lo que allí a sucedido es producto única y exclusivamente de causas naturales que tienen fácil solución recurriendo a la química. Consigue recomponer la hacienda y hacerla próspera. Ya está. Ramón y Cajal sostiene ese argumento con el andamiaje de una historia de amor, muy similar a la de otros cuentos del mismo libro. Su propósito era simplemente alentar a los demás a considerar causas naturales para sus problemas y no recurrir a la superstición.

Julián solo tiene fe en dos realidades: luchar para vivir y vivir para amar. Para volver a hacerse rico en poco tiempo, decide comprar y explotar una finca abandonada, que es conocida como «la casa maldita»: en efecto, corre la leyenda de que todas las personas que la ocupan mueren o enferman antes de un año, desde que la habitó un «perro protestante». Instala en la finca un completo laboratorio bacteriológico y detecta un alto grado de insalubridad: la malaria y el paludismo, y no ninguna maldición, son la explicación racional de que todos sus habitantes anteriores enfermasen. Sanea la finca, «Villa Inés», y la explota con fortuna. Pasan varios años. Julián ha emprendido campañas de higienización por toda la comarca, convirtiéndose en un apóstol abnegado de la ciencia. Además de su finca, explota unas minas con pingües beneficios que le hacen millonario. Todos ven en él un propietario científico y patriota. Julián e Inés se casan; son felices y tienen varios hijos; ya viejos, muere ella, y Julián, cuando se siente abatido, mira una foto que se tomaron juntos. El relato acaba con esta exclamación: «¡Sí, la vida es buena y la felicidad existe…, sólo que… dura tan poco!» (p. 151).

Lo que no puede evitar hacer es colocar en medio de la historia una discusión entre Don José, el cirujano del pueblo, Allan Kardec, un espiritista, Ramascón, un viejo capitán de navío, y don Timoteo, donde discuten entre todos el valor de la religión, la ciencia y la superstición en el mundo. El propósito del diálogo es evidentemente dar varios puntos de vista que sirvan para que el lector pueda extraer sus propias opiniones. El diálogo no es particularmente cientifista, aunque coloca al conocimiento científico (que no a los científicos) en una buena posición.

Desde el punto de vista estilístico, es interesante la descripción de uno de los encuentros amorosos de Julián e Inés (las palabras, el tacto, el beso que se dan…) visto como un proceso bioquímico:

En aquel enajenamiento de la carne exasperada de amor había algo así como ebulliciones de protoplasma fecundo, clamores sordos de células vírgenes de actividad, impulsos centrífugos irresistibles… (p. 121).

El pesimista corregido

Es este el cuento que más se acerca al género en lo que a especulación se refiere. Juan Fernández es un joven doctor bastante pesimista. Después de suspender unas oposiciones se hunde en una terrible depresión. En ese estado critica la existencia del mal en el mundo y en particular de las bacterias patógenas. En medio de uno de tales monólogos se le aparece el numen de la ciencia para aclarar algunas de sus dudas. Juan, sin embargo, no se deja convencer y pregunta por qué la humanidad no tiene una vista más desarrollada, para al menos ser consciente de eso agentes patógenos. El numen, para convencerlo, le dota durante un año de una vista prodigiosa. Si bien el procedimiento es sobrenatural la explicación es muy científica:

Sus ojos se habían convertido en microscopios, y no en virtud de alteraciones en la dióptrica ocular (imposible, por otra parte, sin cambiar la forma y dimensión del aparato visual) sino a causa de la extremada finura de la organización retiniana y vías ópticas y de la exquisita sensibilidad de las sustancias fotogénicas residentes en los corpúsculos visuales. Cada cono o célula impresionable de la fovea centralis había sido descompuesta en centenares de sutilísimos filamentos individualmente excitables, y la misma multiplicidad de conductores había sobrevenido también en los nervios ópticos y centros visuales del cerebro. En realidad, Juan no veía los objetos más grandes, sino más detallados: el ángulo visual seguía siendo el ordinario; pero, en cambio, la membrana sensible del globo ocular, de resultas de la susodicha multiplicación de las unidades impresionables, gozaba ahora de la preciosa virtud de discriminar y diferenciar objetos y colores bajo fracciones angulares casi infinitesimales. Por consecuencia de tan estupendo perfeccionamiento, percibía nuestro protagonista (situado a la distancia de la visión distinta) las cosas como si estuvieran colocadas en la platina de potente microscopio. (p. 171-172)

Pero el protagonista —apagada la inicial alegría— pronto descubre que ver el mundo de esa forma no es precisamente cómodo. La luz potente le molesta, ve todo el mundo invisible de gérmenes —incluso es capaz de reconocerlos— que rodea la vida humana, la belleza carece de aliciente ya que aprecia hasta los más finos detalles e irregularidades:

Porque, preciso es reconocerlo, para el desilusionado Juan todas las mujeres se asemejaban al luminar de la noche, es decir, que se le presentaban salpicadas de horribles cicatrices variolosas. (p. 177)

Gracias a su exquisita sensibilidad retiniana, que le permitía discriminar partículas diáfanas, solamente perceptibles para el micrógrafo en preparaciones coloreadas reconoció, no sin alguna dificultad, en el esputo disco anaranjado (glóbulos rojos); esferas transparentes gelatiniformes que se estremecía al contacto del aire (leucocitos); películas diáfanas, esto es, célula epiteliales de la boca y fauces; fibras elásticas semejantes a látigos chasqueantes; corpúsculos vibrátiles de la tráquea, cuyos hilianos y aterciopelados apéndices vibraban acompasadamente cual espigas en campo de trigo; numerosos microbios que retorcían sus flagelos al luchar con la desecación, y en fin, la terrible bacteria de la tuberculosis cabalgando amenazadora en viscosos y transparentes glóbulos de pus. (p. 178)

Finalmente el protagonista recobra al cabo de un año la visión normal. Aprende la lección y decide ser más tolerante con los demás; y variar su conducta ajustándola a lo que él considera que es el orden natural.

El hombre natural y el hombre artificial

Este es el cuento que mejor expresa lo que Cajal pretendía con este libro. Se trata de una larguísima conversación entre dos viejos amigos educados de forma muy diferente. El hombre artificial ha tenido una educación eminentemente religiosa muy orientada al estudio de la teología clásica, mientras que el hombre natural se ha criado en la observación y estudio de la naturaleza.

Durante el diálogo se tratan muchas cuestiones importantes sobre la religión y la ciencia. Pero no es un diálogo entre opuestos, porque el hombre artificial a consecuencia de varios incidentes desagradables en su vida a comenzado a mirar con recelo la que fuera su educación. Finalmente acepta los ideales de investigación de su amigo.

Las intenciones del cuento son evidentes: impulsar un debate que ayudase al desarrollo de una educación que mejorase la capacidad científica y técnica de España.

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Queda claro de estos resúmenes que la pretensión de Santiago Ramón y Cajal con estos cuentos era principalmente pedagógica. Todos poseen una gran carga satírica, que se presta bien al análisis de lo que allí se propone. Estos cuentos podían haber sido el comienzo en España de una forma literaria, similar a la de H. G. Wells, que explorase las implicaciones de la visión científica del mundo.

¿Por qué no fue así? La respuesta es bien simple: la primera edición de Cuentos de vacaciones no llegó a distribuirse formalmente. Aparentemente, Santiago Ramón y Cajal la hizo imprimir para luego distribuirla entre conocidos y amigos. Eso impidió, por supuesto, que el libro tuviese un impacto significativo en la cultura española. El sueño pedagógico de su autor se perdió por su propia mano.

D. J. O’Connor en su artículo Science, Literature and Self-Censorship: Ramón y Cajal’s ‘Cuentos de vacaciones’ (1905) propone que la razón por la que Ramón y Cajal limitó la circulación de su libro fue no poner en peligro sus propias investigaciones científicas y el progreso científico de España en general. Afirma que temía que muchas de las ideas contenidas en el volumen atrajesen la censura de poderosas instituciones.

¿Y si el libro hubiese tenido una distribución más amplia? ¿Tendríamos hoy una tradición como la del Scientific Romance británica, de la que Wells es su máximo exponente, una literatura que tratase las implicaciones filosóficas, sociales y éticas de los avances científicos? Esa es una literatura que podía haber sido.

 

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Una respuesta a “Santiago Ramón y Cajal: ‘Cuentos de vacaciones’

  1. kbdsjnlz@gmail.com

    5 de enero de 2015 at 12:22

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