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Archivos diarios: 8 de enero de 2015

Antonio Machado. Más allá del mundo objetivo

Campos de Castilla, 1ª Ed
Campos de Castilla, 1ª Ed

En 1917, al escribir el prólogo a Campos de Castilla, dice Machado, algo que hemos de tener en cuenta por ser ciertamente revelador. “Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mi sagrada —allí me casé, allí perdí a mi esposa, a quien adoraba—, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano. Ya era, además, muy otra mi ideología”. No deja de ser significativo que después de cinco años de su marcha de Soria, al evocar su vida en aquella ciudad nos confiese que había algo más en su deuda a Soria que el amor por Leonor y el haber hecho suyo un paisanaje que llama esencial. Dice Machado sin ambigüedades: “Ya era además muy otra mi ideología.”

¿Qué quiere decir con estas palabras nada apasionadas y meditadas con el paso de los años? Su ideología no se refiere, como parece lógico deducir, a la pregunta que a continuación se hace: ¿Seremos, pues, meros espectadores del mundo? Entre otras cosas porque la respuesta la había encontrado don Antonio algunos años antes de incorporarse a su cátedra de Soria.

Con escaso intervalo de tiempo, ya que ambos van fechados en 1917, escribe Machado dos prólogos, además del ya citado a Campos de Castilla, uno que puso al frente de Páginas escogidas, y otro para una nueva edición de Soledades.

Son estos prólogos de gran interés por muchas razones, sin embargo parece desprenderse de su comparación una cierta confusión a la hora de fijar el propio Machado las fechas de sus poéticas, y también de sus “ideologías”. Y entendemos este término, como parece obvio que lo usara don Antonio, sin ninguna carga peyorativa, sino en su utilización más común y corriente.

Hay apreciaciones y juicios de contenido muy similar como vamos a mostrar en el prólogo a Soledades y en este otro de Campos de Castilla. Veamos como juzga Machado, desde la perspectiva de 1917, sus dos épocas anteriores representadas por su modernismo de Soledades y su obra escrita en sus años de Soria e inmediatos de Baeza.

Somos víctimas —pensaba yo— de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece. ¿Qué hacer entonces?

(Prólogo a Campos de Castilla)

… Pensaba que el hombre puede sorprender algunas palabras de su íntimo monólogo, distinguiendo la voz viva de los ecos inertes, que puede también, mirando hacia dentro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del sentimiento.

(Prólogo a Soledades).

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