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Antonio Machado. Más allá del mundo objetivo

08 Ene
Campos de Castilla, 1ª Ed
Campos de Castilla, 1ª Ed

En 1917, al escribir el prólogo a Campos de Castilla, dice Machado, algo que hemos de tener en cuenta por ser ciertamente revelador. “Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mi sagrada —allí me casé, allí perdí a mi esposa, a quien adoraba—, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano. Ya era, además, muy otra mi ideología”. No deja de ser significativo que después de cinco años de su marcha de Soria, al evocar su vida en aquella ciudad nos confiese que había algo más en su deuda a Soria que el amor por Leonor y el haber hecho suyo un paisanaje que llama esencial. Dice Machado sin ambigüedades: “Ya era además muy otra mi ideología.”

¿Qué quiere decir con estas palabras nada apasionadas y meditadas con el paso de los años? Su ideología no se refiere, como parece lógico deducir, a la pregunta que a continuación se hace: ¿Seremos, pues, meros espectadores del mundo? Entre otras cosas porque la respuesta la había encontrado don Antonio algunos años antes de incorporarse a su cátedra de Soria.

Con escaso intervalo de tiempo, ya que ambos van fechados en 1917, escribe Machado dos prólogos, además del ya citado a Campos de Castilla, uno que puso al frente de Páginas escogidas, y otro para una nueva edición de Soledades.

Son estos prólogos de gran interés por muchas razones, sin embargo parece desprenderse de su comparación una cierta confusión a la hora de fijar el propio Machado las fechas de sus poéticas, y también de sus “ideologías”. Y entendemos este término, como parece obvio que lo usara don Antonio, sin ninguna carga peyorativa, sino en su utilización más común y corriente.

Hay apreciaciones y juicios de contenido muy similar como vamos a mostrar en el prólogo a Soledades y en este otro de Campos de Castilla. Veamos como juzga Machado, desde la perspectiva de 1917, sus dos épocas anteriores representadas por su modernismo de Soledades y su obra escrita en sus años de Soria e inmediatos de Baeza.

Somos víctimas —pensaba yo— de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece. ¿Qué hacer entonces?

(Prólogo a Campos de Castilla)

… Pensaba que el hombre puede sorprender algunas palabras de su íntimo monólogo, distinguiendo la voz viva de los ecos inertes, que puede también, mirando hacia dentro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del sentimiento.

(Prólogo a Soledades).

Antonio Machado, por José Machado
Antonio Machado, por José Machado

En ambos escritos es fácil ver una honda preocupación por esa confusa separación entre el mundo interior y la realidad objetiva, la realidad social.

Ahora bien, Machado afirma que al escribir los poemas de Soledades, entre 1899 y 1902, ya había llegado a la conclusión de que la poesía debía de ser algo más que una creación subjetiva. En aquellos años ya pensaba, según nos dice que “el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu

¿Cómo entender, pues, que don Antonio atribuya a sus cinco años en Soria el descubrimiento de que el poeta no puede ser un simple espectador del mundo, cuando según afirma en el prólogo a Soledades, tal cuestión había sido ya vista por él en una época tan temprana como la enmarcada entre 1899 y 1902? No es nada extraño, desde luego, que tal divisoria en su obra no estuviera dilucidada por Machado, cuando todavía hoy sigue sin haber pleno acuerdo entre los estudiosos machadianos.

Hay algo más, sin embargo, enunciado en el mencionado prólogo que sí llegó a elaborar en Soria: lo que Machado llama “lo esencial castellano” y que le llevó a dar un paso decisivo en el entendimiento de la poesía. No cabe duda que fue durante sus años de estancia en Soria, años de elaboración de Campos de Castilla, cuando Machado vislumbra que la poesía puede dejar de ser deliberadamente “bella” para ser genuinamente “popular”.

Es, con otras palabras, descubrimiento de que existe el pueblo capaz de convertir en arte sus vivencias, vivencias por otra parte, que pueden ser objeto de su futura poesía. Aquí si que podemos entender que Machado estaba entrando en su “muy otra ideología” y en su definitivo compromiso. “Mis romances —escribe— no emanan de las heroicas gestas, sino del pueblo que la compuso y de la tierra donde se cantaron; mis romances miran a lo elemental humano, al campo de Castilla y al libro primero de Moisés, llamado Génesis.”

Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno

En este momento de tránsito que suponen para don Antonio los años inmediatamente anteriores a su llegada a Soria, no puede ignorarse el gran peso que sobre sus ideas, primero, y más tarde en su poesía, iba a tener don Miguel de Unamuno. Es, precisamente, en este momento cuando Machado se plantea a veces de forma radical, la relación entre el arte y la vida. La postura que adopta Machado parece que venga dada por una especie de revancha por no haber despertado antes a la conciencia de una situación que ahora se le plantea como evidente. En carta a Unamuno dice: “Empiezo a creer, aun a riesgo de caer en paradojas, que no son de mi agrado, que el artista debe amar la vida y odiar el arte. Lo contrario de lo que he pensado hasta aquí.” A Machado le impulsa a llegar a esta conclusión, provisional como veremos, su pasado modernista. Unamuno en la respuesta que envía, en una carta abierta desde la revista Helios, trata de ser menos radical en este desprecio del arte, en primer lugar porque lo que don Miguel viene a responder es que no se trata de un antagonismo entre arte y vida, sino de una distinción entre el arte “esteticista” vacío y huero, y el arte capaz de despertar las conciencias. Unamuno no desdeña la poesía, sino la poesía superflua, el juego de palabras porque sí. “Huya sobre todo, responde a Machado, del arte del arte, del arte de los artistas, hechos por ellos para ellos solos.”

Es como cuando un pianista se presenta al público a tocar proezas difíciles, ejercicios de prestidigitación, virtuosidades en fin. —Eso es un “insulto”, y añade: “que no se vea en usted el profesional, por Dios; dé usted cosas sin mote y a la manera de usted. Las profesión del poeta es una de las más odiosas que conozco, y en cuanto se hace de la poesía una profesión a que fuese lo que en algunos apartados lugares entiendo por tal nombre: calendario…

Estas ideas las hace totalmente suyas Machado, si bien, en periodos más tardíos entenderá la relación entre la vida y el arte como algo que no solo es antagónico, sino una idéntica cosa: “El momento creador en arte, que es el de las grandes ficciones, es también el momento de nuestra verdad, el momento de modestia y cinismo en que nos atrevemos a ser sinceros con nosotros mismos.”

Hacia la luz y la conciencia

Lo que no borrará Machado de su mente serán los otros juicios unamunianos sobre la profesionalidad del poeta. A Unamuno suenan muchas de las líneas del prólogo a Helénicas de Manuel Hilario Ayuso: “Ha sido casi siempre la poesía el arte que no puede convertirse en actividad única, en profesión. Un hombre consagrado a la veterinaria, a la esgrima o a la crematística, me parece muy bien; un hombre consagrado a la poesía parece que no será nunca un poeta. Porque el poeta no sacará poesía de la misma poesía.

Y también en el mismo prólogo: “el arte por el arte nos parece algo tan fantástico y absurdo como una mosca que pretendiera cazarse a sí misma.”

Por la correspondencia mantenida entre ambos por los años 1903-1907 podemos deducir, efectivamente, que fue Unamuno pieza clave en el cambio de ideología a que Machado se refiere. Años después se referiría Machado aquel tiempo en que “la ideología dominante era esencialmente subjetiva” cuando él amaba “hasta el empacho” la sofística más representativa de aquellos días.

Este cambio de ideología está ya presente en algunos de los primeros escritos de Machado en Soria, especialmente en textos en prosa, tales como “Nuestro patriotismo y la Marcha de Cádiz”, escrito clave para entender que Machado ha entrado en esta nueva realidad apuntada ya en aquel poema de “Soledades”, A orillas del Duero, cuyo último verso, “Hermosa tierra de España” es como el anuncio de esta toma de conciencia con la realidad nacional. No es la primera vez que Machado habla de la pérdida del imperio colonial, pero si es en el escrito que comentamos, donde por primera vez quizá entienda que de este duro golpe pueda resurgir el país boecio hacia la luz: “Acaso el golpe recibido nos pondrá en contacto concircia“. “Por lo pronto nuestro patriotismo ha cambiado de rumbo y de cauce. Sabemos ya que no se puede vivir ni del esfuerzo , ni de la virtud, ni de la fortuna de nuestros abuelos; que la misma vida parasitaria no puede nutrirse de cosa tan inconsciente como el recuerdo; que las más remotas posibilidades de porvenir distan menos de nosotros que las realidades muertas en nuestras manos. Luchamos por libertarnos del culto supersticioso del pasado.”

Machado expone aquí ya cuanto luego va a decir contra el señoritismo y el modo patriotero de entender la vida nacional. Y también a definir el concepto de patria en el contenido que iba a tener para él a través de toda su obra. El párrafo merece la pena sea transcrito íntegramente: “Sabemos que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos, buena no más para ser defendida a la hora de la invasión extranjera. Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva solo para la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril, que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ellas se ciernen.”

Machado en este poema y en este texto, “Nuestro patriotismo la marcha de Cádiz” ha ido ya más lejos de sus iniciales presupuestos sobre la esterilidad de la poesía subjetiva, más allá de la simple influencia de Unamuno. Machado está, con sus influencias y magisterios siempre confesados, ante un planteamiento más claro y directo que el del mismo don Miguel. Ahora sí que había definitivamente saltado la tapia del corral o del huerto, como diría reconociendo cuanto Unamuno debía en este despertar hacia la luz y la conciencia.

 

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2 Respuestas a “Antonio Machado. Más allá del mundo objetivo

  1. bosque baobab

    8 de enero de 2015 at 19:10

    Recuerdo cruzar un puente. Recuerdo ver un viejo claustro templario, y desde él, mirando al oeste ver el “monte de las ánimas” al que Becquer hizo un cuento. Recuerdo paseando por la vereda del Duero rodeado de olmos centerarios otoñando; el sonido de mis pasos ahuecados por las hojas caidas y ver el olmo “hendido por un rayo” y (aunque parezca un sentimental) mis ojos se poblaron de sentimiento. Por último, recuerdo la ermita de San Saturio, al final del paseo sobre un risco como un castillo, con sus criptas, con sus secretos y algún exvoto como ofrenda a lo que alguien pensó una curación sobre él. Como un milagro.
    Todo esto recuerdo de un paseo breve. Fue como vivir un poema y no querer que nunca terminara. No me extraña que cinco años allí hagan de esa tierra sagrada para un poeta.

    Saludos.
    Manuel.

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  2. José Antonio Serrano Segura

    8 de enero de 2015 at 19:21

    Estimado Manuel. Su bello comentario me honra. Son recuerdos vivos que resuenan también en mi memoria. Saludos.

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