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Archivos diarios: 10 de enero de 2015

Autobiografía, Filosofía y Escritura: La crisis de Unamuno en 1897

El presente artículo analiza la filosofía de de Unamuno, a raíz del cambio que supone su obra Diario Íntimo, que es el texto donde se refleja la crisis de 1897. Unamuno deja atrás su filosofía primera, formulada en la “razón científica” de la modernidad; y se convierte en una filosofía que se delimita a un lado de la “ciencia” y al otro de la “literatura”. En esta nueva filosofía, la autobiografía viene al primer plano y la escritura cobra especial relevancia cuando se utiliza por Unamuno para construir su destino como “autoliterario”, que, a propósito de “figuras literarias”, idea de su propia identidad. En este marco, el Diario Íntimo, Nicodemo el Fariseo y algunas cartas se analizan con el objetivo de establecer las diferencias textuales entre diario, carta y conferencia.

Utilizaremos aquí la edición de Diario íntimo, de Miguel de Unamuno, publicada por Alianza Editorial, Biblioteca Unamuno, de 1998.

1. Crisis y cambio de rumbo

Miguel de Unamuno, joven
Miguel de Unamuno, joven

La crisis unamuniana de 1897, que ha quedado fijada en su Diario Intimo, tematiza muy bien la salida de su filosofía primera y el primer esbozo de lo que va a ser la filosofía de Unamuno hasta el final de su vida: una lucha desesperada por construir la propia identidad. Esa lucha desesperada por construir la propia identidad, por darse su destino en la historia (vocación) la va a realizar Unamuno por mediación de la escritura. Desde su llegada a Salamanca como catedrático de griego Unamuno va consolidando su vocación de escritor en el escenario público de la vida nacional, logrando a los pocos años de su llegada a Salamanca, hacerse un nombre propio y conseguir un puesto destacado como autor de libros y artículos, abandonando los pseudónimos con los que había empezado firmando muchas de sus colaboraciones. Pero precisamente en ese momento en el que ha logrado el reconocimiento de su nombre propio, se le plantea a Unamuno la pregunta que le va a acompañar a lo largo de toda su existencia: ¿quién soy yo? ¿El que se encuentra consigo mismo en la soledad de la propia intimidad?; ¿o el que se fragmenta y dispersa en la pluralidad de escritos que quedan repartidos en la prensa nacional e internacional? ¿Quién soy yo?, se pregunta Unamuno. ¿Un yo sustantivo que aspira a permanecer eterno; o una pluralidad de fragmentos esparcidos por todos los rincones del espacio público?

En su primera filosofía de los años de aprendizaje en Bilbao Unamuno se preocupaba por construir “sistemas de filosofía” o “sistemas políticos” (socialismo) y olvidaba en cierta manera al hombre concreto que aspira a permanecer, a sobrevivir. En su primera filosofía de sistema el hombre concreto aparecía como una especie de marioneta y el mundo como una especie de teatro. Contra eso es contra lo que se rebela el Unamuno del Diario Intimo y a partir de esa su gran rebelión va a emprender la aventura de construirse una leyenda, una identidad. Y para ello lo importante no es el recuerdo, sino el ideal. Un ideal que tiene que darse a sí mismo como Don Quijote y que será la estrella que le guíe por este mundo desencantado de fin de siglo del que parecen haberse retirado los dioses; y que trae consigo una profunda crisis del sujeto moderno de la filosofía, que es la que Unamuno tematiza en su Diario Intimo de 1897.

2. El Diario Íntimo

El 9 de abril de 1897, Viernes de Dolores en aquel año, Unamuno se retira a Alcalá de Henares en el Oratorio de San Felipe Neri e inicia una serie de “Meditaciones” que son las que van a configurar el Diario… que está integrado por cuatro cuadernillos y se extiende del 9 de abril de 1897 al 28 de mayo del mismo año. Redondeando las cifras podemos decir que dos meses continuados de meditación, en la que Unamuno somete a prueba su primera filosofía y con ella la filosofía moderna. Según Cirilo Flórez en él Unamuno “somete a prueba su primera filosofía y con ella la filosofía moderna” (1998). Es también el producto de la llamada “crisis unamuniana”, que consistió no sólo en un estado de criticidad frente al pensamiento moderno, sino en una asunción muy personal del autor ante su propia biografía.

Y frente a una crisis, que en principio era personal, nada más adecuado que una escritura de la intimidad: el diario, que permite al autor prácticamente desnudarse, dejarse llevar por una escritura “anotacional”, que se alimenta de lo fragmentario. Pero, ¿significa eso que esta obra de Unamuno es un simple testimonio egótico? No, porque más que un testigo de su existencia, el diario es un exponente de un pensamiento originario; es decir, de un pensamiento que se nos hace presente en el mismo momento en que éste se está pensando. Y allí la escritura en forma de diario se contamina del tono ensayístico. Por ello, nos situamos frente a un texto reflexivo, donde lo íntimo no va a ser óbice para que se despliegue la subjetividad unamuniana. De modo que el Diario íntimo convoca el tono reflexivo del ensayo y el tono íntimo del diario para producir un pensamiento que va creciendo ante nosotros sin ningún control de la razón escritural. Por ello no sería fácil catalogar este diario de Unamuno como meramente biográfico.

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