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‘La música del azar’, Paul Auster

20 Ene

La música del azar, de Paul AusterAutor: Paul Auster
Título: La música del azar Año de publicación: 2013
Editorial: Anagrama
Edición limitada en tapa dura (anteriormente en la colección ‘Panorama de narrativas’, 2008
Número de páginas: 251

Paul Auster nació en Nueva Jersey en 1947. Estudió literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia en los años 60 y posteriormente trabajó como traductor de autores franceses y vivió en París. Aunque con formación y cualificación en el mundo de las letras, también ha desempeñado trabajos puramente físicos, como en un petrolero o en la marina, aspecto que deja ver en sus novelas. Comenzó a escribir a los 12 años y ha experimentado con prácticamente todos los géneros literarios: desde unos primeros versos que seguían el ritmo de la poesía francesa que traducía, hasta la dramaturgia, pasando por guiones cinematográficos que nunca llegaron a hacerse realidad (aunque posteriormente se ha erigido como guionista y director de cine). Y, por supuesto, la novela, pero siempre con la seña de identidad Auster.

Auster es quizá uno de los pocos escritores contemporáneos que reúne en sus libros un total de características loables por la crítica. Sus novelas presentan una notable fluidez del lenguaje, una temporalidad expuesta en paralelismos, y una amena contraposición entre hechos extraordinarios y cotidianos; todas estas cualidades envueltas por el eje central en la obra austeriana: el azar.

La música del azar es justamente eso: el azar de la vida de un hombre que ve su existencia reducida a una partida de póquer, a la inevitable incertidumbre de que las cartas que brinda el destino. Lo que comienza como una novela de viajes de carretera al más puro estilo de Kerouac en On the road acaba tornándose en una novela a camino entre la introspección psicológica de los personajes —reducidos prácticamente al trastornado Nashe— y de la novela de crímenes, con tintes que recuerdan a Poe en ese juego, quizás macabro, de la mansión de los dos multimillonarios que esconden dentro de ella sus tesoros más ocultos.

“¿Qué hubiera pasado si…?”, es la pregunta que delata los quebradizos límites de la identidad y las certidumbres de la vida. Paul Auster parte de este misterio: cómo una persona que podría tener una vida “normal”, decide arriesgarse para aprender, en una situación desesperada, lo que el destino tiene por enseñarle.

La música del azar se inicia como muchas novelas americanas clásicas: con el héroe que deja una vida atrás, proponiéndose inventar una nueva identidad para sí. Después de que Jim Nashe se viera abandonado por su esposa, hereda una modesta fortuna de su padre, que nunca se había ocupado de él, abandona su trabajo como bombero en Boston, deja a su hija con su hermana, vende sus posesiones, compra un Saab rojo nuevo y comienza a conducir por las carreteras con la idea de hacerlo hasta que su dinero se agote. Sin destino fijo (conduciendo siempre de noche y durmiendo en cualquier motel de carretera), Jim siempre despertaba con la irresistible urgencia de volver a su automóvil. Necesitaba aquella soledad, aquella carrera nocturna por el vacío, aquella vibración del volante en su piel. La velocidad como esencia, el goce de sentarse en el coche y lanzarse hacia delante a través del espacio. El auto convertido en un santuario de invulnerabilidad: un refugio en donde la música de Bach y Mozart engloba el paisaje, convirtiendo el mundo visible en un reflejo de sus propios pensamientos.

Diversos temas atraviesan la obra aunque cobra especial importancia la pérdida de un ser amado, ya que este aspecto supone siempre la entrada en escena de un azar que rompe inexorablemente el hilo narrativo de la novela. Es esta su su obra más significativa en este sentido. Ya aparece al inicio una cita de Faulkner que se nos presenta como una premonición: “Hasta que un día, asqueado, lo arriesga todo al ciego azar de una sola carta”. El mundo de Jim avanza rápidamente, mostrándole que sin dinero ninguna libertad le será verdadera. Es entonces que su vida toma otra vuelta inesperada: conoce a Jack Pozzi, un joven jugador de póquer que le ofrece la oportunidad de hacer algo efectivo, rápido y fácil; convirtiéndose así en su socio capitalista. Una sola sesión de póquer podría hacerles ricos. Sus contrincantes serán Flower y Stone, dos curiosos millonarios que han ganado una fabulosa fortuna jugando a la lotería y viven juntos como dos modernos Bouvard y Pecuchet. A partir de aquí, la novela abandona el territorio de la «novela de la carretera» americana, y se interna en el dominio de la literatura gótica, entre Kafka y Beckett. Nashe y Pozzi penetran en un ámbito sutilmente terrorífico, y la morada de los millonarios, un castillo traído de Europa, una excentricidad más de los millonarios, se convertirá en una peculiar prisión, cuyos ilusorios límites y leyes no menos ilusorias deberán descubrir.

Desde ese momento, la historia deriva hacia la temática impredecible de la novela negra; donde la vida aventurera de Jim, insertada en la esfera seudofilosófica, le permite a Paul Auster explorar algunas de sus preocupaciones preferidas: los papeles de la aleatoriedad y de la causalidad; las consecuencias de la soledad, y las limitaciones de la libertad y el lenguaje, las cuales desembocan en un mundo indiferente.

Al poco de su llegada al castillo, los millonarios desaparecen de escena y sus figuras, por consiguiente, adquieren dimensiones colosales de misterio y poder. Nashe expresa la idea de desarraigo por el hecho de que después de dos años de aventura se siente “de nuevo en cero”. Tal vez por eso no le molesta demasiado la idea de hacer el trabajo: en realidad no sabría qué camino tomar y por eso la paciencia acude a él en los momentos cruciales. Pozzi, en cambio, lo percibe como un trance tortuoso, como un abuso terrible e insoportable que sólo puede ir sorteando mediante la serenidad y resignación de su amigo. Las sensaciones de ambos ante lo ocurrido comienzan a fundirse en la palpable vejación psicológica que llega a sobrepasar cualquier esfuerzo físico que pudiesen realizar.

La trama continúa con esos virajes inesperados hasta convertirse en una sofocante novela de género negro. Pozzi es víctima de un suceso extraño e insoportable para Nashe, quien además muestra signos de hastío al grado de que el vacío se apodera de él: en los últimos capítulos la carga anímica se le hace tan pesada que busca evadir hasta sus propios pensamientos, se siente incapaz de salir adelante e incluso ejemplifica esta idea con la de cierta pieza musical que “continuaba avanzando hacia una resolución que nunca llegaba”. El trastorno de Nashe toma caminos sinuosos, se ha quedado estancado y sin la posibilidad de vislumbrar un futuro; el suplicio mental empieza a madurar una idea de venganza que cobra vida de manera inesperada.

Paul AusterSe trata, como reza el título, de una historia del azar que se construye en buena medida en base a omisiones y que explora grandes temas humanos a través de diversos matices, como la incertidumbre y la soledad de seres que se ven arrojados a la difícil vida cotidiana enmarcada en las necesidades económicas que derivan en afectos o enconos, en anhelos jamás colmados y en otras situaciones complejas que se suscitan en base a esto.

La otra cara de la moneda, la que podríamos denominar una lectura superficial, expone también una tesitura conocida: la obtención inesperada de recursos puede resultar incluso más destructiva que la tan odiada vida anodina en la que tanto se echaban de menos. Es el dinero lo que da la libertad y lo que la quita en esta novela, los personajes se encuentran atrapados por la mala decisión de abandonarse a su suerte y no es de extrañar que con un poco de esfuerzo el destino se vuelva inexorable.

Como guionista y escritor, Paul Auster posee un estilo capaz de abarrotar alusiones literarias en su ficción, siendo la odisea de Jim Nashe un argumento perfecto para enmarcarlo dentro de aquella selecta variedad de libros anteriores a La música del azar. En cada caso, el héroe abraza la idea de la libertad como herencia del sueño americano, dejando el pasado atrás para volver a empezar. Así, el paralelismo de acontecimientos fantásticos surge con la aparición de un suceso extraño (el cual rebota “casualmente” en la misma historia), inesperado por uno siguiente.

Analogías diversas

Auster juega ingeniosamente con ellas, edificando variaciones en algunos de los temas de Beckett; creando, al mismo tiempo, una narrativa que continuamente elude nuestras expectativas. Demuestra un uso ejemplar del lenguaje y las técnicas narrativas, y se desenvuelve con la misma facilidad en los pasajes más lentos, plagados de descripciones físicas y psicológicas, como en otros momentos donde la sucesión de los hechos requiere de una narración más ágil y fluida, obviando descripciones que pueden obstaculizar la lectura y centrándose en el diálogo puro, más propio incluso del guión cinematográfico. También se observa comodidad a la hora de mantener la incertidumbre en el lector en ciertos puntos de la novela, como en la partida de póquer, aunque tal vez éste no sea el máximo punto de tensión. Sin embargo, en algunos pasajes puede percibirse una cierta falta de continuidad, no necesariamente mala, donde puede adivinarse el proceso de construcción de la novela: elipsis demasiado arriesgadas, sobre todo al final, donde da la sensación de querer acabar pronto con la narración.

En definitiva, una novela corta (apenas 250 páginas) que se lee rápido y engancha al lector, amén de ciertos capítulos que pueden resultar un tanto tediosos por la lentitud de los hechos, que, en compensación, se agolpan en otros. Una historia en apariencia simple, pero que quiere encerrar una interpretación metafísica y psicológica que pueda llegar a remover al lector, algo que resulta demasiado ambicioso para el autor.

 

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