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Archivos diarios: 21 de enero de 2015

Scott Fitzgerald o cómo intentar vivir de la literatura en los malos tiempos

Naturalmente la vida entera es un proceso de quiebra, pero los golpes que ejercen la parte dramática de la tarea –los grandes y repentinos golpes que llegan, o parecen llegar, del exterior–, los que uno recuerda y a los que les echa la culpa de las cosas, y los que, en momentos de debilidad, uno cuenta a los amigos, no revelan sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpe que procede del interior, y que uno no nota hasta que ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto, hasta que comprende de manera positiva que de alguna forma ya no volverá a ser un hombre tan bueno. El primer tipo de grieta parece ocurrir rápido; el segundo ocurre casi sin que uno lo advierta, sino que se presenta, de hecho, muy de repente.

Así comienza el célebre texto “The Crack-Up”, que, en la edición que reseño, ha sido traducido por Yolanda Morató (con el título de “La quiebra”). Sin menospreciar la antigua versión de Anagrama, prefiero esta nueva traducción. Me ha parecido más fresca, más correcta, más actual. Mi ciudad perdida, que recopila los “Ensayos autobiográficos” de Fitzgerald, se publicaron hace ya dos años en Zut Ediciones, y es una ocasión que ningún lector con buen gusto debería dejar escapar.

No sólo están aquí las nuevas versiones de los artículos y ensayos que ya habíamos leído en el volumen titulado El Crack-Up: también se incorporan textos como “Cómo vivir con 36.000 $ al año”, “Cómo vivir con casi nada al año”, “Cómo desperdiciar material. Una nota sobre mi generación” o “Cien comienzos en falso”. En todos ellos brilla la prosa exquisita, casi sensual, del gran F. Scott. Utilizando sus propios recuerdos, sus propias vivencias, Fitzgerald nos habla de sus problemas económicos, de su quiebra anímica, de un escritor como Ring Lardner, de cómo se siente a los 25 años, e incluso de sus viajes con Zelda, logrando párrafos de este calibre:

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Juan Ramón Jiménez – ‘Vida’ Tomo I

Uno de los libros más largamente pensado por Juan Ramón Jiménez fue Vida, su autobiografía. La muerte en el exilio del premio Nobel de Literatura dejó inédito un proyecto que vio la luz en 2014. Iban a ser mil páginas, muchas inéditas, y en quinientas se ha quedado en este primer tomo —si se exceptúan más de 300 de notas. Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-Puerto Rico, 1958) conocía la importancia de su obra, y por ello sabía que su vida no podía dejarla en manos extrañas.

Juan Ramón Jiménez fue uno de los hombres más desdichados y atormentados de su tiempo, habiendo sido también uno de los más grandes. Acaso por eso fue el escritor más combatido y parodiado de todos. “Más calumniado”, dirá él. No creo que ningún otro poeta viviera durante casi sesenta años, desde sus dieciocho, sacudido por ataques tan continuados de pánico, excusados en dolores físicos que lo mismo lo levantaban al vértice de la locura que lo hundían en la desesperación y la misantropía. Un verdadero infierno para un enfermo no siempre imaginario. Tanto como su obra, conmueve su vida, y anonada. Y pese a su extraña enfermedad, o precisamente por ella, escribiendo sin desmayo miles de páginas: poemas, aforismos, retratos, críticas, prosas, ensayos, recuerdos, cartas, conferencias, cuentos… y la mayor parte de ello de primer orden, con mil registros distintos, desde la lírica más exaltada hasta la sátira. “El martirio de escribir”, lo llamará. Nadie trabajó tanto como él, ni los grandes galeotes de la literatura. ¿Cuál fue, pues, la fórmula, cómo pudo entonces hacer posible que una obra tan colosal como esa cupiese en una vida tan rota como la suya? Yo creo que pudo ser esta: “No os toquéis en el dolor”.

La historia de este dolor ve ahora la luz: “Si yo estuviera sano, sería uno de los hombres más grandes del mundo… ¡Ah, si supierais los jérmenes decididos a estallar que llevo dentro! ¡Si yo pudiera emplear mi vida entera en mi pensamiento! ¡Si mi salud igualara a mi voluntad, al ansia de saber, al afán de viajar, de obrar, de aniquilar, de construir!”, confesará.

Fue este uno de sus libros más largamente acariciado y pensado, y otro más de los que truncó su muerte. Le importaba mucho, porque iba a ser la historia de su vida, pero también la de su voluntad: “Me he propuesto que sea, por encima de todo, honrado, exacto y justo”, dirá en uno de los prólogos, y después de decirnos que hace ya mucho que no se desnuda en público leyendo, confiesa: “Hoy me deshueso ante ustedes. Verán ustedes huesos escritos”.

Juan Ramón Jiménez – ‘Vida’ Tomo IEmpezó a pensar en este libro hacia 1928: recuerdos, fragmentos de obras anteriores que hacían referencia a cosas de su vida pasada, cartas suyas y de otros, aforismos biográficos, poemas que le dedicaron, polémicas de los periódicos, sueños, genealogías estéticas, políticas y morales, retratos de amigos, familia, enemigos, conocidos y saludados, en fin: el siglo. Porque, y pese a ser un retraído, no hay ningún poeta español que conociera a tantas gentes ni hubo nadie que, pudiendo, no quisiera conocerlo a él. De la suma de todo eso, algo en verdad de locos, papelitos, carpetas, recortes, cajas, quedó este collage. Todo puesto en primer plano, como un presente sucesivo. Porque JRJ no creía mucho en la historia. Decía: la poesía es presente o no es. Y la vida, lo mismo: “Escribir poesía es aprender ‘a llegar’ a no escribirla, a ser, después de la escritura, poeta antes que escritura, poema en poeta, poeta verdadero en inmanencia consciente”.

Todo esto lo cuentan Mercedes Juliá y María de los Ángeles Sanz Manzano en el estudio introductorio, y en los cientos de notas, documentadísimas, que vienen a completar los textos de JRJ. Porque de lo que estamos hablando es de un mosaico del que se han perdido o no se llegaron a escribir muchos fragmentos, pero del que existen otros mil que sus editoras han tratado de ordenar de una manera paciente y respetuosa con la posible voluntad del poeta. Claro que de vivir el poeta este libro no sería así (detestaba las notas, la filología en sus propios libros), pero eso no quiere decir que aquel libro difiriera mucho de este: en los dos casos se parecería mucho a un pequeño laberinto. Read the rest of this entry »

 

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Muere Concha Caballero

 
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Publicado por en 21 de enero de 2015 en Contenidos, Educación

 
 
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