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Scott Fitzgerald o cómo intentar vivir de la literatura en los malos tiempos

21 Ene

Naturalmente la vida entera es un proceso de quiebra, pero los golpes que ejercen la parte dramática de la tarea –los grandes y repentinos golpes que llegan, o parecen llegar, del exterior–, los que uno recuerda y a los que les echa la culpa de las cosas, y los que, en momentos de debilidad, uno cuenta a los amigos, no revelan sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpe que procede del interior, y que uno no nota hasta que ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto, hasta que comprende de manera positiva que de alguna forma ya no volverá a ser un hombre tan bueno. El primer tipo de grieta parece ocurrir rápido; el segundo ocurre casi sin que uno lo advierta, sino que se presenta, de hecho, muy de repente.

Así comienza el célebre texto “The Crack-Up”, que, en la edición que reseño, ha sido traducido por Yolanda Morató (con el título de “La quiebra”). Sin menospreciar la antigua versión de Anagrama, prefiero esta nueva traducción. Me ha parecido más fresca, más correcta, más actual. Mi ciudad perdida, que recopila los “Ensayos autobiográficos” de Fitzgerald, se publicaron hace ya dos años en Zut Ediciones, y es una ocasión que ningún lector con buen gusto debería dejar escapar.

No sólo están aquí las nuevas versiones de los artículos y ensayos que ya habíamos leído en el volumen titulado El Crack-Up: también se incorporan textos como “Cómo vivir con 36.000 $ al año”, “Cómo vivir con casi nada al año”, “Cómo desperdiciar material. Una nota sobre mi generación” o “Cien comienzos en falso”. En todos ellos brilla la prosa exquisita, casi sensual, del gran F. Scott. Utilizando sus propios recuerdos, sus propias vivencias, Fitzgerald nos habla de sus problemas económicos, de su quiebra anímica, de un escritor como Ring Lardner, de cómo se siente a los 25 años, e incluso de sus viajes con Zelda, logrando párrafos de este calibre:

Mientras escribo ha llegado el crepúsculo, y tras mi ventana las masas oscurecidas de los árboles, colocados en grupo uno junto al otro entre el abundante verdor, descienden en pendiente hasta el mar nocturno. El sol ardiente se ha derrumbado tras los picos de la Esterles y la luna ya se cierne sobre los acueductos romanos de Fréjus, a ocho kilómetros de distancia. Dentro de media hora René y Bobbé, oficiales de aviación, vendrán a cenar con sus blancos trajes de dril, y René, que tiene sólo veintitrés años y nunca ha superado el hecho de haberse perdido la guerra, nos contará de manera romántica que quiere fumar opio en Pekín y que escribe algunas cosas “sólo para mí”. Después, en el jardín, sus blancos uniformes se irán volviendo cada vez más tenues a medida que una oscuridad más líquida descienda, hasta que, al igual que las rosas intensas y los ruiseñores en los pinos, también ellos parecerán formar parte esencial e indivisible de la belleza de esta alegre tierra orgullosa.

Historia del Texto

Los ensayos autobiográficos de Francis Scott Fitzgerald fueron escritos en el período que abarca desde 1920 hasta 1936 y titulados Mi ciudad perdida. En ellos refleja sus esfuerzos por vivir de la literatura en los años posteriores a la mayor crisis del siglo XX, el crac del 29, se tradujeron por primera vez al español en 2011 para la editorial española Zut Ediciones. La autora de la edición es la filóloga y traductora Yolanda Morató.

Esta traducción de sus ensayos cumple además “un deseo que Scott Fitzgerald nunca pudo realizar en vida”, el de verlos reunidos en un volumen, como escribe Yolanda Morató, profesora de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y autora de otras traducciones premiadas de Wyndham Lewis.

En cartas a Max Perkins, editor en Charles Scribner’s Sons, Fitzgerald intentó convencerlo en dos ocasiones, entre 1934 y 1936, sin éxito, para que publicase el conjunto de ensayos que se han empleado en la versión española. Sin embargo, nunca lo consiguió y el proyecto quedó inédito. Siguiendo este deseo la edición ha respetado el orden de los artículos escogidos por el autor, la mayoría inéditos en español, tal como lo indicó el propio Fitzgerald en una carta en 1936. Estos textos se publicaron originariamente en New Yorker, Saturday Evening Post, Cosmopolitan, Esquire y Bookman, y sus editores en español han querido incluir un anexo con la procedencia de cada uno de estos dieciocho ensayos, así como la cantidad que el autor cobró por cada uno de ellos.

Cambridge University Press publicó en 2005 una selección de ensayos con el nombre de My Lost City. Personal Essays, 1920-1940, en la que el especialista James L. W. West III reunió artículos de revistas y ensayos publicados durante las dos décadas del periodo de entreguerras. Sin embargo, este volumen no es el original de la versión española, pues incluye ensayos que el propio Fitzgerald no seleccionó, y los criterios de edición de West III no son los mismos que los de Morató.

La edición de Yolanda Morató reproduce el orden de los artículos que indicó Fitzgerald en la carta a Perkins y enmienda cambios que se realizaron con posterioridad en los distintos ensayos publicados en las revistas. Algunos ejemplos son la inclusión de epígrafes que Fitzgerald nunca escribió, segmentaciones no planeadas por el autor o corrección de nombres de personas o lugares que rompen la intencionalidad de los textos.

Morató ha considerado que estos datos son importantes porque “los ensayos más extensos tratan sobre la escritura de relatos de ficción y no ficción como único medio de subsistencia económica en el periodo que transcurre entre dos de sus grandes novelas, A este lado del paraíso y El gran Gatsby, entre 1920 y 1925, cuando quería abrirse camino en los círculos literarios”. Estos escritos reflejan igualmente la relación de “amor-odio” de Fitzgerald con el dinero, y en ellos “el mundo de los ricos es como un zoológico que el escritor visita de vez en cuando; un lugar por el que siente tanta atracción como repugnancia”, según Morató, quien ha destacado también la semejanza de aquella crisis con la actual.

Por otra parte, la mayoría de estos artículos eran inéditos en español, pues hasta ahora solo se traducía la edición que Edmund Wilson había publicado en 1945, la conocida The Crack-Up,  una selección de diarios, notas y ensayos que, tras la muerte de Fitzgerald y a modo de homenaje, recopiló Wilson, gran amigo de Fitzgerald, para la editorial estadounidense New Directions en 1945.

Lo autobiográfico

Francis Scott FitzgeraldMi ciudad perdida cuenta en detalle el proceso de decadencia de la ciudad de Nueva York, que ha vivido (en los años 20 del pasado siglo) “por encima de sus posibilidades”, y cómo afecta a todos aquellos que han vivido entre las fiestas y el derroche. Fitzgerald era muy consciente de que en la vida moderna la gran mayoría ya no depende de los valores que heredaron de los mayores sino del precio de los valores en el sistema bancario.

Este conjunto de ensayos supera esa idea de Fitzgerald como el cronista de la “Era del Jazz” porque muestran una dimensión mucho más personal del autor, así como su desconfianza en el sistema familiar estadounidense, sus problemas con el dinero y el impacto de las prohibiciones en la juventud de su generación. También constatan la conciencia de pertenecer a una nueva generación de escritores y transmiten la sensación de fracaso del escritor al haber asistido a un espectáculo cuyo final dejó muy pronto de estar al alcance de su mano.

Tienen además la cualidad de ir tramando una red de hilos que tejen una suerte de autobiografía del escritor, por lo que su traductora ha considerado que son mucho más que una recopilación de ensayos circunstanciales”. Son una especie de festín de una de las inteligencias más despiertas y sensatas de una época que tuvo mucho de insensata, como la nuestra.

La generación de Fitzgerald se caracteriza por ser un puente entre unas décadas que supusieron un enorme cambio para el siglo XX, ya que del Romanticismo del siglo XIX que habían heredado de sus padres pasaron a verse inmersos en una guerra que habían heredado de Europa, y más tarde a un caos económico con el que dejarían su particular herencia.

Este libro tan personal es un valioso texto para comprender la vida del celebrado escritor, sus años universitarios, su relación con Zelda, sus difíciles tiempos iniciales a tempranísima edad, las sorpresas del éxito en plena juventud y el derroche de su inteligencia y de sus vidas. No es ajeno al análisis de los métodos de escritura, a otros escritores, ni a la sociedad que habitó y de la que fue un retratista único.

La voz de Scott Fitzgerald es, aquí, crítica con la sociedad, con el mundo de los ricos, que despertó en él el mayor interés y que observa como un zoológico. Ello dio lugar a un episodio notorio entre Scott y Hemingway: el primero dijo que los ricos “son diferentes a nosotros”. Hemingway respondió: “sí, tienen más dinero”.

Casado en 1920, a los 24 años, tras su primer y exitoso libro, se fueron a vivir al hotel más caro de Nueva York. Y agrega: “nos permitimos lujos como tener un bebé y viajar a Europa y el dinero parecía llegar de manera cada vez más fácil…”. Alquiló casas enormes con mayordomo y numerosos dependientes. Hace en otro artículo la reseña año por año de los hoteles que visitaron. En 1925 en Europa vivieron en 14 hoteles diferentes, a cual más caro. Empobrecidos, regresaron al hotel de Nueva York; y comenzó a escribir cuentos en revistas, que le dieron vida de nuevo, y un nuevo libro, y el éxito. Encarnaban el éxito. Lo sentían así.

Paralelamente, descubrió un libro inicial de Hemingway, Nuestro tiempo, que trata de temas muy diferentes a los suyos, escrito de una forma renovadora. Tanto, que lo impacta. Creo que lo conmueve el talento de aquel escritor al que encuentra en París. Hemingway vivía con tres mil dólares al año y Scott con 30 mil. Tienen encuentros y desencuentros que el lector conoce a través del conocido libro de Hemingway París era una fiesta.

Pero todo se vino abajo. Zelda enloqueció y murió en el incendio del manicomio. Scott Fitzgerald fue destruido por la bebida, se marchó a Hollywood para sobrevivir y allí escribió películas que nadie filmó. Y murió a los 44 años.

Pero volvamos a este libro autobiográfico, cuyas páginas inteligentemente desnudan un tiempo loco y su propia vida. Muestran que, más que un escritor, fue una época.

Es un auténtico placer adentrarse en estos ensayos. Comprobar cómo Zelda y Scott suben y bajan en la rueda de la vida, cómo logran estabilidad económica para luego perderla e ir dando bandazos: Somos demasiado pobres para ahorrar. El ahorro es un lujo, le dice él a ella. Mi ciudad perdida cumple uno de los propósitos de F. S.: ver publicados estas colaboraciones de prensa en un único tomo; no lo consiguió estando vivo. Y unos cuantos textos alcanzan una originalidad envidiable, como ese “Una breve autobiografía”, en el que traza una ruta (por años y por lugares) de las bebidas alcohólicas que bebía. Lectura muy recomendable, especialmente, para escritores o escritores en ciernes: se sentirán identificados en algunos de los párrafos de este maestro, sobre todo en esas páginas en las que decide romper con casi todo y proclama: Ahora por fin me he convertido tan sólo en escritor. Less dejo con varios extractos:

Luego fuimos en continuo ascenso; los cielos crepusculares se desplegaban en el valle de Cévennes, abrían en dos las montañas, y una temible soledad se gestaba en las cumbres rasas. Hicimos crujir rebabas de castaño a nuestro paso por la carretera y un aromático humo salía de las cabañas de montaña. El hostal tenía mal aspecto, los suelos estaban cubiertos de serrín, pero nos sirvieron el mejor faisán que hayamos comido nunca y los mejores embutidos, y los colchones de plumas de las camas eran una maravilla.

***

“Hasta los cuarenta y nueve todo irá bien —decía—. Puedo estar seguro de ello. Para un hombre que ha vivido como yo, es todo cuanto se puede pedir”.

… Y entonces, a diez años de cumplir los cuarenta y nueve, de pronto descubrí que había sufrido una quiebra prematura.

***

Esto es lo que pienso ahora: que el estado natural del adulto sensible es cierta infelicidad. Creo también que en un adulto el deseo de ser de una mejor pasta de la que se es, “un esfuerzo constante” (como dice la gente que se gana el pan diciéndolo), termina por sumarse a esa infelicidad al final… ese final que les llega a nuestra juventud y esperanzas.

 

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2 Respuestas a “Scott Fitzgerald o cómo intentar vivir de la literatura en los malos tiempos

  1. reimfox

    21 de enero de 2015 at 21:53

    Excelente entrada. A Fitzgerald lo tengo pendiente aun con El Gran Gatsby, y como sucede cuando te enfocas en una obra específica, sueles dejar pasar desapercibidas otras joyas como este libro. Me llama la atención el hecho de que no sea una obra de ficción, sino una compilación de extractos de su vida, y últimamente me he estado interesando por este tipo de literatura, desde que descubrí los Diarios de Alejandra Pizarnik. Definitivamente, como aspirante a escritor, lo tendré en mi repisa de “por leer”.

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  2. José Antonio Serrano Segura

    21 de enero de 2015 at 22:12

    Muchas gracias. Tengo pendiente hacer una reseña de su primera novela, que creo que es la más personal, en el sentido de identificación con su joven protagonista, Amory Blaine, estudiante en Princenton, como él: ‘A este lado del paraíso’.

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