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El ‘Cardenio’. Cervantes y Shakespeare

01 Feb

Cervantes y ShakespeareLa historia de Cardenio apareció entre las novelas insertas en El Quijote y cuando consiguió escaparse de las tapas duras de Cervantes para reinterpretarse en la pluma de Shakespeare como obra de teatro, tampoco pudo pervivir en la memoria palpable del papel por la precariedad editorial del siglo XVII. Roger Chartier, historiador de la cuarta generación de la Escuela de los Annales, recupera por enésima vez la historia de este personaje que Don Quijote y Sancho Panza encuentran en el capítulo XXIII, en Cardenio entre Cervantes y Shakespeare (Gedisa Editorial).

La primera pista del misterio del texto que hoy no existe aparece en una obra teatral colaborativa entre el escritor inglés más conocido y John Fletcher. Junto a William Shakespeare y Ben Jonson, Fletcher era considerado por sus contemporáneos como uno de los dramaturgos más dotados e influyentes de la literatura jacobea. Sucedió a Shakespeare como jefe en la principal compañía londinense King’s Men (Los Hombres del Rey).

A diferencia de Shakespeare, Fletcher no era accionista de la compañía. De 1590 a 1642 se convirtió en uno de los ocho hombres que siempre figuraban bajo contrato para numerosos teatros de la capital británica, privilegio que compartía con Thomas Heywood, Thomas Dekker, Philip Massinger, Shakespeare, James Shirley, William Rowley, y Richard Brome.

Ambos escribieron una obra basada en un personaje de El Quijote, que fue estrenada estrena en 1613 y la representada sólo dos veces. La siguiente referencia que tenemos de ella es una copia que fue citada como Historia de Cardenio, atribuida a Fletcher y Shakespeare en 1653. Cardenio en manos de Shakespeare culmina con felicidad su historia amorosa con Luscinda, la dama de alta cuna que se casa por acuerdo con el mejor amigo del protagonista. Este desenlace feliz convierte a la obra en material para una tragedia y una comedia al mismo tiempo, lo que entronca con la tradición inglesa del siglo XVII y su gusto por la tragicomedia española.

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Desfile de Personajes de Shakespeare

Según Chartier, Shakespeare ligó la historia de los cuatro enamorados con la presencia burlesca y cómica de Don Quijote en Inglaterra. El público europeo encontró en los desamores, las pasiones sublimes, el triunfo del amor y la belleza de las novelas dentro de la obra cervantina el mismo o mayor interés que por los lances del caballero andante. “Las obras teatrales no se solían publicar, el 60% no subsistieron por tratarse de un género situado en lo más bajo de la jerarquía literaria”, explica Chartier. “Por eso Cardenio es excepcional, y su relación con el nombre de Shakespeare determinante” (?). Aunque el imaginario cultural vincule casi desde la amistad a estos dos escritores, “resulta complicado asegurar que Cervantes supiera siquiera quién era Shakespeare”, Inglaterra, a fin de cuentas, seguía siendo una isla, mientras que la presencia hispánica en toda Europa se expandía como referencia literaria esencial, no solo por El Quijote.

Chartier persigue a Cardenio durante siglos, países, escenarios teatrales e imprentas en un ejercicio de resurrección de un fantasma bibliográfico cuya inmortalidad se refiere directamente a su autor, por encima incluso de su colega español, responsable primero del nacimiento de este personaje. “La pluralidad de sentidos inscritos en una obra como esta, pero no sujetos al momento de escritura responde a su perdurabilidad, trascendencia, fuerza y energía”.

Dejemos por hoy el libro de Roger Chartier y tomemos la historia de este texto.

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El Shakespeare cervantino

En 1653, un historiador del arte dice haber encontrado una Historia de Cardenio firmada al alimón por Shakespeare y Fletcher. WarburtonEn el siglo XVIII el erudito y obispo anglicano Warburton tenía entre sus manuscritos una obra de Shakespeare llamada Cardenio. Según se cuenta, el obispo no pudo evitar que un día su cocinero usase el manuscrito para encender el fuego.

Shakespeare y Cervantes son considerados, de manera casi unánime, los dos mayores escritores de la historia. Por eso, ningún encuentro literario parece más interesante que el suyo. También comparten su afición por los locos. Shakespeare creó a Hamlet, Lear, Macbeth, Próspero, Caliban: todos ellos comparten un rasgo común, padecen algún tipo de locura o demencia, aunque sea transitoria. Cervantes, por su parte, escribió al menos dos obras protagonizadas por locos, Don Quijote de la Mancha y El licenciado Vidriera, un loco que se cree compuesto de cristal y no de carne.

A menudo se especula acerca de qué habría sucedido si Shakespeare hubiese conocido a Cervantes. En la vida de Shakespeare existen ciertos años oscuros de los que los biógrafos apenas saben qué contar, como los hay en las vidas de Diderot o de Molière, como los hay en la de Jesucristo… o del mismo Cervantes. Fantasías, pues.

Son esos años que no quedan registrados en la partida de bautismo o en las ordenanzas municipales, años en los que abandona el hogar de sus padres, años en los que ya no es el William Shakespeare de la pila bautismal pero tampoco el autor de las obras que hacen que todavía recordemos que ese hombre de Stratford existió alguna vez. Es una persona que está adquiriendo los conocimientos y las experiencias que necesitará para construir su formidable edificio dramático, como al parecer hizo Diderot, como tal vez han hecho todos los que emplean mucho de su tiempo a escribir.

Durante esos años oscuros de William Shakespeare no es seguro que saliera de Inglaterra, pero quién sabe si viajó a Francia o a Italia o si acaso alcanzó España. Tal vez aquí, según algunos, habría tenido ocasión de ver representadas obras de teatro de Lope de Vega, de Calderón de la Barca, de Miguel de Cervantes. O habría leído el Don Quijote de Cervantes, o al menos alguien le contó la trama, del mismo modo que le contaron la de la novelita de Mateo Bandello Romeo y Julieta. Como ven, por ahora nos hacemos eco de algunas fabulaciones

El traductor de Shakespeare Luis Astrana Marín, en el primer tercio del siglo pasado, aventuraba que Shakespeare y Cervantes pudieron haberse conocido, pero no durante esos años oscuros, sino cuando ya ambos eran escritores de fama. Según Astrana Marín, Shakespeare podría haber viajado a España con la embajada inglesa de 1608 y habría conocido a Cervantes en Valladolid.

John Fletcher

John Fletcher, colaborador de Shakespeare
en obras como Los dos hidalgos de Verona
y su sucesor como dramaturgo principal
de la compañía Los Hombres del Rey.

Pero ni siquiera es necesario suponer que Shakespeare saliera de Inglaterra, porque pudo leer El Quijote traducido al inglés en 1612. Podemos imaginar, dado el gusto de Shakespeare por adaptar argumentos ajenos, un fragmento del Quijote escrito por Shakespeare. Esta es pues la hipótesis: si ese aficionado a los locos que fue Shakespeare hubiese leído el Quijote o cualquier fragmento, habría podido escribir una obra basada en un texto de Cervantes. Hay que recordar que El Quijote incluye novelas dentro de su novela. Una de ellas es la historia de Cardenio.

La Historia de Cardenio

Nunca existió, claro, un Don Quijote de la Mancha de William Shakespeare, evidentemente, pero si es probable que el autor de Hamlet leyó la obra de Cervantes, que se tradujo al inglés en 1612 por John Shelton, y que también escribió una obra basada en ella, en colaboración con John Fletcher.

Obras de John FletcherSin embargo, por razones que nos resultan difíciles de entender y de explicar, Shakespeare no eligió los pasajes más conocidos y sugerentes de Don Quijote, y tampoco a los personajes principales, como Alonso Quijano, Sancho Panza, Dulcinea o el cura, sino que prefirió un episodio menor, la historia de Cardenio, que Don Quijote y Sancho Panza escuchan cuando se encuentran en Sierra Morena.

Esa obra de tema cervantino escrita por Shakespeare se titularía Historia de Cardenio y se sabe que fue representada al menos dos veces por los King’s Men (Hombres del Rey) en 1613.

La búsqueda de esta obra perdida es una de esas pesquisas literarias que atraviesa los siglos. Aparte de la certeza de que existió, pues se halla en los registros oficiales de la época, su pista se perdió, cuando se incendió el teatro The Globe. Sin embargo, vuelve a ser mencionada en 1653, cuando el editor Humphrey Moseley “obtuvo licencia para una obra que describe como Historia de Cardenio, por Fletcher y Shakespeare”.

Las andanzas de la Historia de Cardenio

La pista del Cardenio no se perdió en los fogones de Warburton, sino que evolucionó de una extraña manera, con una historia que se había desarrollado en paralelo. Otro erudito shakesperiano, Lewis Theobald, había atribuido en 1627 a Shakespeare y a Fletcher una comedia llamada Doble Falsedad (Double Falsehood, o como aparece en la edición de Theobald, Double Falshood).

Como es sabido, los eruditos y los traductores tienen la costumbre de poner siempre algo de su propia cosecha en sus trabajos. Al parecer, así lo hizo Garland al traducir Las mil y una noches, añadiendo cuentos como los de Aladino y la lámpara maravillosa, los de Simbad el marino, o Ali Babá y los 40 ladrones, que hoy nos parecen la esencia misma de ese libro inagotable. Pero en el caso de Doble falsedad, algunos llevaron sus sospechas más allá y consideraron que la obra fue imaginada y escrita solo por Theobald, no por Shakespeare y Fletcher; o que como mucho era una adaptación del Cardenio original, tal vez a partir de tres versiones incompletas. Lo cierto es que el propio Theobald no incluyó Doble falsedad en su magnífica edición de las obras de Shakespeare.

Doble falsedad

Doble Falsedad (Double Falsehood,
o como aparece en la edición
de Theobald, Double Falshood)

La opinión que ha acabado prevaleciendo es que Doble falsedad es lo que su título parece indicar de manera insolente: falsa. Con el tiempo, se fue olvidando el sueño de encontrar una obra de Shakespeare basada en una obra de Cervantes.

[Llegados a este punto, debo aclarar que en este texto no hago referencia a la obra La segunda tragedia de la doncella de Thomas Middleton, que rebautizada como Cardenio sacó a la luz pública Charles Hamilton en 1994. Se trata de una absurda obra distinta a la que comentamos, aunque durante años ha sido presentada y representada como la original.]

No obstante, ya en 2007, la Royal Shakespeare Company, a través de uno de sus directores asociados, Gregory Doran, autentificó la existencia del Cardenio de Shakespeare y Fletcher. Es curiosa, sin embargo, la redacción del comunicado, que dice: “la pieza ha estado perdida durante tres siglos, tras el incendio del teatro The Globe, pero ahora el Director de la Royal Shakespeare Company, Gregory Doran, ha comunicado que se ha logrado confirmar la autenticidad de la pieza. Fue escrita por Shakespeare y el dramaturgo John Fletcher y representada dos veces por la compañía de los Hombres del Rey en el año 1613”. Se anunció entonces su presentación “en un proyecto en común entre España y el Reino Unido” para el año 2009 que no llegó a realizarse.

Por su parte, también en ese año de 2007, la obra fue parcialmente reconstruida por el experto estadounidense Gary Taylor a base de fragmentos de la obra identificadas en Doble Falsedad.

Un inglés en España

Historia de CardenioSin embargo, a pesar del revuelo inglés, hay que precisar dos datos: el primero es que no era necesario, al menos en España, esperar hasta la edición inglesa para conocer la obra cervantina de Shakespeare y Fletcher, pues en 2007 la editorial Rey Lear publicó Historia de Cardenio. El segundo es que ni siquiera se trata de una primera edición, pues había sido publicada en otra editorial española ya en 1987.Ambas ediciones se deben a Charles David Ley, erudito inglés que pasó gran parte de su vida en España. Esto significa que disponemos en español desde hace ya 28 años de esa obra de Shakespeare y Fletcher basada en Don Quijote de La Mancha.

 

 

Charles David Ley

Charles David Ley, con gafas, en primer plano, en la terraza del Café Gijón de Madrid

En cuanto al anuncio de la representación anunciada para 2009, no llegó a realizarse. Por fin, en marzo de 2010 se publicó el Cardenio de Shakespeare y Fletcher, aunque se prefirió mantener el título de Theobald: Doble falsedad. La cuidada edición corrió a cargo del profesor Brean Hammond y apareció en la prestigiosa editorial shakesperiana Arden. El editor opina que la mano de Shakespeare se percibe con claridad en el primer y segundo acto y en dos de las escenas del tercer acto, mientras que el resto de la obra habría sido escrito por Fletcher o en estrecha colaboración entre los dos autores, que también escribieron juntos Enrique VIII y Los dos nobles caballeros. Hammond también cree que la obra fue escrita poco después de que apareciera la traducción del Quijote al inglés, en 1612 y que fue representada el año siguiente.

Tras rigurosos análisis utilizando las técnicas más modernas, la editorial Arden —una autoridad en los textos de Shakespeare— identificó varios trozos como shakespeareanos y, en 2010, decidió incluir Doble Falsedad dentro del canon del poeta inglés. En su decisión de montar la polémica obra, la RSC dice que hay suficiente ADN shakespeareano para darle autenticidad.

Lo que ha hecho la compañía actoral es reescribir su propia versión de Doble Falsedad, añadiéndole extractos de la traducción de 1612 del Quijote y retitularla Cardenio, la reimaginación de la obra perdida de Shakespeare.

Divagaciones

Da la impresión de que la historia de la Historia de Cardenio en España es tan interesante y rocambolesca como la de las diversas pesquisas llevadas a cabo en Inglaterra, pero no tengo datos suficientes para afirmarlo.

Don Quijote y Sancho encuentran al loco Cardenio vagando por los montes de Sierra Morena

Don Quijote y Sancho encuentran a Cardenio
vagando por Sierra Morena.

Borges aventuraba la hipótesis de que un clásico es

…aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término.

Borges se refería a los libros, pero podemos aplicar la definición a los autores de esos libros y considerar que Shakespeare es un clásico, el más clásico de todos los clásicos. Es por ello que las interpretaciones de la obra de Shakespeare no acaban nunca. Siempre hay algo nuevo que encontrar en ellas, cualquier detalle cobra una importancia a veces desmesurada y parece relacionarse con todo el universo, al menos con el modesto pero también inabarcable universo de la literatura.

Otra frase célebre define el arte como aquello que miramos con atención. Cuando leemos una obra escrita por Shakespeare siempre la miramos con más atención, que la que dedicamos a dramaturgos coetáneos, como Ben Jonson, John Ford o el propio John Fletcher. Es probable que si observáramos a muchos de estos autores con la meticulosidad que concedemos a Shakespeare, descubriríamos muchos pasajes asombrosos en sus obras.

La conclusión, quizá no muy agradable, es que los clásicos a veces son sobreinterpretados y sobrevalorados, que algunos pasajes de Shakespeare que nos parecen esenciales en la mecánica del universo literario tal vez son sólo accidentales y que a veces hemos puesto más nosotros al interpretarlo que Shakespeare al escribirlo.

Una disposición positiva hacia un autor favorece encontrar en él diversas bellezas, como sucedió con Los poemas de Ossian (1765), tan elogiados mientras se consideraron el testimonio de unos tiempos heroicos, y tan olvidados cuando se supo que eran el fraude urdido por un poeta moderno llamado McPherson.

En definitiva, nuestros prejuicios condicionan nuestra lectura, nuestros gustos determinan en gran parte nuestras observaciones y, como decía un francés, nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones.

Lo anterior es bastante cierto, pero a veces la realidad se encarga de refutar nuestras teorías: he de confesar que, pese a mi atenta búsqueda y entusiasmo, no he logrado encontrar en Historia de Cardenio nada comparable a lo que encuentro en otras obras de Shakespeare, incluso en obras menores como Los dos hidalgos de Verona (que también escribió en colaboración con Fletcher).

Tal vez, si forzara un poco las cosas, podría encontrar algún rasgo shakesperiano, pero entonces estaría cayendo en aquello que Umberto Eco llamaba sobreinterpretación, que no es muy diferente de encontrar el número pi en una pirámide; algo tan improbable como encontrar a Montaigne citado en un libro de Plutarco, o al Dante en La Eneida de Virgilio.

Umberto Eco Interpretación y SobreinterpretaciónEn Historia de Cardenio los diálogos se suceden con cierta soltura narrativa, pero sin mayor interés, a menudo repitiendo cosas que ya han sido explicadas, y otras veces no explicando algo que resulta confuso. Aquí y allá se descubren comparaciones insípidas y diálogos triviales. Tan sólo en ciertos pasajes se adivina algo que podría sonar un poco shakesperiano, pero que se ha desinflado en el camino, ya sea en la reescritura de Theobald o en la traducción al español de David Ley. Por ejemplo:

DON BERNARDO: No es burla mi buen Camilo, aunque en los tratos amorosos ya sabes que hay abundancia de mudanzas en media hora. El tiempo, el tiempo, vecino, hace jugadas con todos nosotros.

Tras esta alusión al tiempo, parece esconderse una ambición mayor, pero se echa a faltar algo más concreto, como que el tiempo juega con nosotros mientras jugamos a perderlo, o mientras perdemos el tiempo jugando. Pero la misma expresión elegida, “Hace jugadas con nosotros”, es feísima.

Un poco más adelante descubrimos el inicio de una burla que sí podría haber sido escrita por Shakespeare:

El tiempo, Señor! ¿Qué me dices del tiempo? Vamos, ya veo cómo son las cosas. Un poco de tiempo puede agarrarle a un hombre por la nuca y sacudirle el honor.

Otro diálogo destaca un poco por la viveza y el ingenio de la réplica de Luscinda:

FERNANDO: El mérito de mi más tierno afecto ha de borrar a Cardenio, hombre de baja estirpe, de tu mente preclara.

LUSCINDA: Ella se mancharía si siguiese tus consejos corrompidos.

FERNANDO: Mudarás.

LUSCINDA: ¿Para qué quieres esposa tan mudable?

Pero lo mejor es, sin ninguna duda, este hermoso poema, que tan español parece:

Cardeño y LuscindaDOROTEA:
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos.
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De este modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.

Y no es extraño que parezca español, puesto que una consulta a los capítulos de Don Quijote dedicados a la historia de Cardenio nos revela que el poema ya estaba allí. ¿Es que Fletcher y Shakespeare lo tradujeron al inglés y después quienes lo retradujeron al español escogieron, siguiendo el ejemplo del borgiano Pierre Menard , las palabras exactas que cinco siglos antes había escrito Cervantes?

La respuesta de David Ley es más compleja que convincente:

En cierto momento se oye a Dorotea, fuera de escena, cantar una estrofa, cuyo estilo me parece claramente que no es ni de Shakespeare ni de Fletcher, sino de un autor de cien años después, por lo tanto, supongo yo, de Theobald. Así que he sustituido esta canción por otra sacada de El Quijote, cantado a lo lejos en la Sierra Morena por Cardenio poco antes de aparecer Dorotea, vestida de pastor.

Curioso procedimiento, que hace cantar a Dorotea la canción que cantaba Cardenio, pero en otra obra y en otro idioma, aunque tal vez en la misma época, la de Cervantes y Shakespeare.

Del mismo modo, David Ley podría haber mejorado bastante el inicio de la Historia de Cardenio si el personaje del Duque le hubiese dicho a su hijo en la primera escena:

DUQUE: Hijo mío, en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…

 

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