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‘Marga’, el diario de Marga Gil Roësset

02 Feb

Cubierta Diario Marga Gil Roësset Largamente esperada, la edición de Marga hace realidad uno de los proyectos más queridos del poeta de Moguer, nunca hasta ahora llevado a efecto. El Diario de Marga Gil Roësset, más los poemas, prosas o apuntes que Juan Ramón Jiménez y su mujer, Zenobia Camprubí, dedicaron a su joven amiga, se reúnen en un volumen prologado por Carmen Hernández-Pinzón, representante de los herederos del poeta, y una semblanza de la artista a cargo de su sobrina la escritora Marga Clark.

Vida y muerte transitan en la existencia una misma dirección aunque sus caminos, desde luego, tracen muy diversas rutas. A juicio de Hannah Arendt (en sus diversos comentarios sobre la Ilíada de Homero) fue nuestra condición mortal, y la conciencia que de ella poseyeron los griegos, lo que empujó definitivamente a los Aquiles, Áyax y Héctor a dejar la comodidad de sus casas para adentrarse en el terreno agonal de la guerra y, en fin, dar con la ansiada inmortalidad. Y es que, como también recordaba Novalis en uno de sus poemas más tardíos, sólo a los dioses les es posible alcanzar la quietud y la gloria sin acción; a los seres humanos, por el contrario, nos es dado actuar para llevar a cabo nuestros asuntos. Únicamente a través de nuestros actos, aseguraría más tarde Schopenhauer, nos es posible conocernos: tan sólo poniendo en juego aquello que somos podremos descubrir –en un movimiento de la mismidad que va de dentro afuera, para a través de la reflexión recorrer después el sendero inverso– nuestra auténtica vocación. Al igual que los protagonistas de las aventuras homéricas, como explica Carmen Hernández-Pinzón en el emocionante y emocionado “Prólogo” de Marga, la pequeña de la familia Gil Roësset pasó por las vidas de Juan Ramón Jiménez y su mujer, Zenobia Camprubí, “como una estrella fugaz, dejando una impronta indeleble y un pozo de amargura difícil de subsanar”.

Este párrafo, pretencioso seguramente para nuestra intención, viene a cuento de la necesidad que al escribir esto me impone un sentimiento contradictorio. Escribir sobre Marga Gil Roësset, su desdichada muerte y las circunstancias de su relación con el poeta Juan Ramón Jiménez no es más que escribir sobre una persona de carne y hueso, por emplear la locución en la que insistió el maestro Unamuno. Es decir, escribir simplemente, o sobre todo, de un simple ser humano. nada menos, pero nada más.

La trágica figura de Marga Gil Roësset (1908-1932), dibujante y escultora de vanguardia, está marcada por su temprano suicidio a los 22 años de edad a causa del amor no correspondido que sentía por Juan Ramón Jiménez. De temperamento rebelde y personalidad decidida —“ejemplo de vitalidad exaltada, de voluntad constante, de capricho enérjico”, en palabras de J. R. Jiménez—, Marga se había declarado sin éxito al poeta, que contaba entonces 50 años y lamentó profundamente la muerte de su admiradora. Rescatada del olvido en los últimos años, la escasa obra conservada de Marga ha sido celebrada por una originalidad que la equipara a las principales artistas europeas del periodo.

Juan Ramón Jiménez busco durante mucho tiempo y guardó el Diario de Marga en una carpeta junto con otros papeles asociados a su vida y muerte, incluidos varios borradores de un índice con los contenidos que llevaría el libro dedicado a su memoria. “Si pensaste al morir —leemos en una semblanza póstuma, hoy añadida al corpus de Españoles de tres mundos— que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme”. La edición de Marga ofrece a los lectores un valioso testimonio que es, también, una forma de homenaje.

Habrá pues lectores que recuerden la historia de amor y muerte de Marga y los versos inéditos del poeta, pero es ahora cuando se editan junto al Diario que dejó escrito Marga Gil y tal y como lo proyectó Juan Ramón Jiménez, porque “Tu sufrimiento, muerta tú, se ha quedado espandido* sobre mi”. [* Recuérdese el uso personal de las grafías de JRJ, como usar siempre la ‘s’ cuando la ortografía exige ‘x’ o ‘je, ji’ cuando exige ‘g’.]

Dibujo de Marga Gil

Dibujo de Marga Gil

Ilustración de ‘Canciones de niños’, fechado en 1932 y editado en 1933. Eran unas canciones con poemas escritos por Consuelo Rosset, hermana de Marga, a las que su marido José María Franco había puesto música. El libro llevaba tres ilustraciones muy estilizadas y esquemáticas de Marga.

La edición

Como explica Carmen Hernández-Pinzón, sobrina nieta del poeta, “Juan Ramón dejó preparado para su publicación este libro que ve la luz ahora. Tanto él como Zenobia quisieron escribir esta trágica historia, para que se conociera cómo ocurrieron realmente los hechos y no se tergiversaran los acontecimientos. El exilio y el robo de este manuscrito en el asalto a su casa de la calle Padilla, hicieron imposible cumplir ese deseo del matrimonio”.

En los últimos años de la vida de Juan Ramón Jiménez, durante la convivencia con el padre de Carmen (Francisco Hernández-Pinzón), el poeta le manifestó a este su gran interés por recuperar esa carpeta que contenía todo lo relacionado con Marga, así como la posibilidad de ver editado el homenaje a la artista. La muerte de Zenobia y el declive y fallecimiento de Juan Ramón impidieron que se llevara a cabo, “pero mi padre, al que va dedicado este libro —recuerda—, intentó por todos los medios, como albacea testamentario, cumplir la voluntad del Nobel. Y dejó constancia escrita de ese deseo, como se puede apreciar en una emotiva dedicatoria que se transcribe en el libro, a modo de encargo “incluso para después de su muerte”. Carmen Hernández-Pinzón ha podido, por fin, hacer realidad la promesa que le hizo a su padre.

Aunque la historia era conocida, la publicación de Marga recompone todos los testimonios y arroja luz sobre la conmovedora peripecia de la muchacha. “Cuando mi padre lo dejó en mis manos, nadie conocía el Diario, tampoco la familia de Marga”. Lo ocurrido después se explica en el prólogo. En ese afán de dar a conocer esta historia, se publicaron fragmentos hace unos años, y también su sobrina Marga Clark, que en su semblanza nos acerca con más intensidad a la figura de su tía, publicó algunos fragmentos del Diario en su libro Amarga luz”.

Sobre la propia Marga Gil, destaca que fue “un ser excepcional y genial. Creo que a partir de este libro se la conocerá mejor como mujer y como artista. Merece que se haga un estudio a fondo de todas sus facetas y sé que su familia lo llevará a cabo. Siempre los he animado a ello, pero mi misión acaba con la publicación de este manuscrito. Debo seguir trabajando en otros muchos proyectos que el poeta dejó inéditos”.

Hoja del diarioAl leer el Diario, vemos cómo la obsesión, el desengaño y la angustia van creciendo en el alma de Marga Gil. J. R. Jiménez quiere ayudarla en su formación como artista. “Tienes que irte a París o Londres, le dice el poeta, y conocer a los grandes artistas, y aprender de ellos”. “¿De verdad quieres que me vaya?”, responde, y escribe en su diario:

“Si tú, espontáneamente, me dieras un beso… y me atrajeras… así… estrechamente… dejándome… oír en tu pecho latirte el corazón… y un poco también la plata de tu voz… Sería glorioso”.

Tú absorto… concentrado en lo inmenso”, escribía la pobre Marga. … “Me parece que tendré que morirme triste… sin beso… ni corazón… ni voz de plata… ni versos… ay!

Imaginar… siempre imaginar… y yo no sé si en ese momento sabré engañarme aún o me moriré de pena”.

J. R. Jiménez guardó estas páginas turbadoras durante años. Las leía, corregía, agregaba fotos y dibujos de Marga.

Otros días, pocos, Marga se siente exultante, y escribe:

“Esta tarde has venido… viva, qué alegría me has dado… Juan Ramón… Estabas… eres tan, no te enfades, comprende que soy artista… y claro, me fijo… tan guapo, no, no es esa la palabra: …sujestivo, persa… ojos, qué ojos… ¡dios, qué ojos! … nariz, boca, ¡labios! …dientes… pómulos nobles… expresión… Todo tú… desde todos los aspectos… cómo me gustas, ¡y cómo te quiero!

[*Obsérvese que la joven emplea incluso las disgrafías del poeta)

Marga

Desde aquel 30 de julio de 1932, y más aún desde el día siguiente, cuando leyó el diario que Marga le había dejado encima de su mesa, el estupor, la amargura y el silencio, sobre todo el silencio, se adueñaron del poeta, podríamos decir que para siempre. Tuvo que pasar tiempo hasta que J. R. Jiménez  dejara a Zenobia esta nota escrita a mano:

Este manuscrito me lo dejó la pobre Marga la mañana del día que se mató. Como yo estaba esa mañana abstraído en mi trabajo y creí que lo que me dejaba Marga era algún poema para que yo se lo repasara, no lo miré ese día. Además, ella me dijo: ‘No lo leas ahora’. No te lo he dado porque creo que es mejor no dártelo. Tampoco puedo romperlo; sentiría como si rompiera a Marga muerta. Puedes leerlo. Pero no varíes de sentimiento por Marga, ni pienses mal de ella.

Jiménez guardó estas hojas durante años dentro de una carpeta amarilla. Las leía, corregía, agregaba fotos y dibujos de Marga, poemas suyos… Decidió desde el principio que publicaría un libro conjunto en memoria y homenaje a Marga que se llamara así, Marga, “porque quiero que Marga quede incorporada a mi obra”, le dijo a su buen amigo José Guerrero Ruiz. Pero las circunstancias políticas de España, la guerra, el exilio de Zenobia y Juan Ramón [Jiménez]  en Puerto Rico, y, especialmente, el robo por parte de Martínez Barbeiro, Félix Ros y Carlos Sentís de muchos de los papeles y objetos que el poeta había dejado en su casa madrileña de la calle Padilla… contribuyó a que “lo de Marga” permaneciera fuera del control del poeta durante lustros.

La conciencia de J. R. Jiménez

Retrato que Juan Ramón Jiménez regaló a Marga Gil

Retrato que Juan Ramón Jiménez regaló a Marga Gil

Juan Ramón Jiménez ya había empezado a hablar y escribir sobre ella, primero sin mencionar su nombre y luego ya, en los años 40, más abiertamente. “Marga era de verdoso alabastro, con ojos hermosos y tristes, y pelo liso castaño… Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro…” decía en las primeras versiones todavía mutiladas de su libro Españoles de tres mundos. Hasta 1997, como la propia historia de Marga, no vio la luz el texto completo, que termina así: “Si pensaste al morir que ibas a ser recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida”.

El libro que ahora publica la Fundación Lara incluye, además del diario tal y como lo dejó editado el escritor , es decir, con los subrayados de Marga y las correcciones del poeta, que aparecen en el texto en cursivas, otros textos, algunos de ellos inédito de Zenobia Camprubí referentes a Marga. Cuenta Zenobia cómo entró “la niña en nuestras vidas” y muchas de las conversaciones que tuvo con ella. Rezuman sus textos cariño y compasión. “Marga —comienza uno de ellos— quiero contar tu historia, porque tarde o temprano la contarán los que no te conocieron o no te entendieron. Quiero decir las cosas como fueron, sin añadirle ni quitarle lo más mínimo a la verdad, para los que lean las falsedades puedan referirse a lo mío y separar lo falso de lo cierto de modo que figures como eras: apasionada y sana, insegura y heroica”.

Y va refiriendo Zenobia cosas y sensaciones de la vida de Marga desde que la conoció hasta el último día de su vida. No se notaba el brillo de Marga inmediatamente, cuenta Zenobia, pero cuando se marchaba “estábamos impregnados de su presencia”. “¿Puedo ver tus pinturas?”, le preguntaba. “No, no pinto ahora. Hago esculturas, ¿no ves mis manos? Es un trabajo duro, pero lo amo”. Escribe Zenobia también que en otra ocasión Marga les confesaba que detestaba las esculturas que hacía, sugeridas la mayor parte por su madre, y que al terminarlas las despedazaba a martillazos. “¿Has hecho alguna vez algo que te guste, Marga?”, le preguntó el poeta. “Sí, hice una cabeza de mi madre y me pareció muy buena, pero el que la despedazó fue mi padre”.

Rose des Bois

'Rose des Bois' de Marga Gil para su hermana Consuelo.

‘Rose des Bois’ de Marga Gil para su hermana Consuelo.

El reconocimiento a su tiempo de la artista Marga Gil Roësset no se ha producido quizá hasta ahora. De ahí la alegría de su sobrina Marga Clark y las mil preguntas que se debió de hacer su familia cuando vieron la historia de su tía Marga publicada en un periódico. El porqué de ese silencio “al que mi tía Marga había sido sometida” durante tanto tiempo, por qué no supieron hasta 1997 que se había suicidado por amor a Juan Ramón Jiménez, ni que había un diario escrito, ni que el poeta le había dedicado un puñado de versos bellísimos, ni que su tía había sido una artista de personalidad extraordinaria. “Sin pretender pedir cuentas al pasado —escribe Marga Clark en el prólogo de Marga— me pregunto si el legado artístico de la singular creadora habría sido más justo y reivindicativo si el Diario donde Marga se sinceró hubiera sido devuelto a la familia a su debido tiempo. Para mí, este hecho todavía sigue siendo algo enigmático”.

Los dibujos de Marga Gil Roësset son de una modernidad sorprendente en los dibujos de una niña. Una niña prodigio, como titularon los periódicos franceses de la época, que empezó a ilustrar a los ocho años los cuentos que su hermana Consuelo escribía. Las dos hermanas habían recibido una educación exquisita. Hablaban idiomas, asistían a conferencias, iban a exposiciones y conciertos. Publicaron sus primeros libros cuando rondaban los diez y doce años. Marga fue alumna en el estudio del pintor López Mezquita pero pronto ella, de personalidad rebelde y vigorosa, de gustos orientales, quiso reconducir su arte hacia senderos menos convencionales. A los quince años decidió dedicarse a la escultura, especialmente en piedra, y los críticos de la época hablaban de su “exaltación agresiva del arte”, del “implacable rigor sarcástico de sus estatuas”, de una artista “pura, exacta, que no debía nada a profesores y maestros”.

Los dibujos que se anuncian pertenecen al cuento Rose des bois publicado en francés por la editorial Plon en 1921. Marga tenía 13 años y su hermana Consuelo 15. Hace unos años, una casa de subastas parisina puso en venta una bella edición de Rose des bois de 1923, en gran formato y pergamino, con doce espléndidos dibujos de Marga.

 

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Una respuesta a “‘Marga’, el diario de Marga Gil Roësset

  1. danielmartincenteno

    2 de febrero de 2015 at 17:35

    Me quedé mudo. Para la edad que tenía, las muestras de lo que hizo en verdad hablan de un talento extraordinario. Una pena lo de su suicidio, aunque por la forma en que escribía y de lo que hablaba (su amado), no me extraña en lo más mínimo que su final fuese morir y ser integrada en la obra de este. Al final termino no sólo haciendo arte, sino siendo eso también. Desconocía por completo la historia, muy interesante.

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