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Archivos diarios: 7 de febrero de 2015

‘Para acabar (¿realmente?) con Eddy Bellegueule’

Éduard Louis. Para acabar con Eddy Bellegueule
Para acabar con Eddie Bellegueule
Ediciones Salamandra,
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.» (Édouard Louis).

Casi unánimemente la crítica de Para acabar con Eddy Bellegueule ha sido favorable. Es cierto que este libro muestra y denuncia la ideología de cierta clase pobre, sucia, homófoba y racista —el padre violento casi siempre pegado al dios televisor; el colegio, violento y estúpido hasta el absurdo—, con una atención al detalle que a menudo deja helado al lector.

El libro se lee como el argumento de un proyecto vital, y se vislumbran pedacitos de la vida de un homosexual hijo de la baja prole. Este libro —y no es la menor de sus cualidades— no sólo pone narrativamente en primer plano al joven Eddy, sino que da voz a tantas fugas silenciosas, tantos odios que desembocaron en sentimientos de culpa. Sin embargo, a pesar de —o debido a— esta proximidad con el lector, tanto Para acabar con Eddy Bellegueule como la cantidad críticas ditirámbicas que ha recibido me ponen en guardia; diré por qué. No niego ni el valor de su autor ni la singularidad de su historia, pero si tenemos en cuenta a otros que también concibieron un libro pretendiendo el afán de universalidad, la lectura se vuelve más importante que las intenciones que llevaron a la escritura.

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