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Códices medievales: los ‘Beatos’. Introducción

Se designa con el nombre de Beatos a los manuscritos que nos transmiten los Comentarios al Apocalipsis atribuidos a Beato de Liébana, redactados por vez primera en el año 776. Aportan frecuentemente, aunque no siempre, una copia del Comentario al Libro de Daniel de San Jerónimo y algunos otros textos íntimamente adheridos a ellos.

Beato de Liébana

De su hipotético autor Beato de Liébana han llegado escasos datos biográficos hasta nosotros. Sabemos que fue presbítero y que posiblemente profesó la vida monástica en un monasterio de Liébana (Santander), probablemente el de San Martín, llamado más tarde de Santo Toribio. La única fecha concreta de su biografía es la del 26 de noviembre del año 785, en la que está presente en la profesión monacal de Adosinda, viuda del rey Silo. Su celebridad personal se debe sobre todo a haber sido uno de los principales defensores de la ortodoxia, junto con Eterio, obispo de Osma, frente a la herejía adopcionista profesada por Elipando, primado de Toledo, y el obispo Félix de Urgel. Contra ésta escribió Beato, en colaboración con Eterio, un opúsculo: De Adoptione Christi Filii Dei. El otro tratado que se le atribuye es el Comentario al Apocalipsis.

Reúne en esta obra su autor a modo de Summa los comentarios que hasta entonces habían sido hechos sobre el Apocalipsis. Entre las razones por las que Beato pudo llevar a cabo este enorme trabajo de compilación, se ha supuesto que influyera lo dispuesto en el IV Concilio de Toledo, del año 633, en cuyo canon 17 se hizo obligatorio el reconocimiento de su autenticidad, hasta entonces muy discutida, incluso en Occidente, así como su atribución a san Juan Evangelista.

Este concilio había exigido además que el Apocalipsis fuera leído en los oficios en toda la Cristiandad hispánica, desde Pascua a Pentecostés, y que los sacerdotes conociesen la totalidad de las Escrituras. Como el Apocalipsis era uno de los libros de más difícil comprensión necesitaba de mayor grado de explicación. Así, en el prólogo al Comentario insiste Beato en este aspecto intencional de su obra: Quiere facilitar la inteligencia del libro de la Revelación”.

Pero su propósito iba todavía más allá, ya que Beato no concibió su obra sólo a modo de breviario exegético de carácter intelectual, sino “ob aedificationem studii fratrum”, de modo que sus destinatarios debían leer su obra como un “opus devotionis” y no como simple “opus eruditionis”. Para algunos autores es posible que a ello hubiere contribuido además el sentimiento de un próximo fin del mundo, de modo que los comentarios al Apocalipsis habrían constituido un buen instrumento para mejor disponer los espíritus para ese final.

En el estado actual de nuestros conocimientos sobre la composición de los Comentarios al Apocalipsis, la mayoría de los autores admite la existencia de varias redacciones o ediciones de la obra de Beato, frente a Neuss y otros estudiosos, que habían propuesto un arquetipo único, del cual el mejor representante sería, a su juicio, el Beato de Saint-Sever, del siglo XI. Según Sanders, los Comentarios han sido redactados tres veces en vida de Beato, la primera en el año 776 (Beatos de la Biblioteca Nacional de Madrid vitr. 14-1 y Saint Sever), la segunda en el 784 (Beatos de El Escorial, Osma y Lorvao) y la tercera, definitiva, en el año 786 (Morgan MS. 644), y añade una cuarta posterior a su muerte que se reflejaría en códices como el Beato de Gerona.

A pesar de la divergencia de sus reconstrucciones de la genealogía de los Beatos, Neuss y Sanders clasificaron los manuscritos en los mismos tres grupos (las familias I, IIa, y IIb de Neuss). Klein ha admitido recientemente estas cuatro redacciones y las fechas de las dos primeras, pero ha postergado la fecha de la tercera hasta después de la muerte de Beato. Es decir, que según este autor la familia I representa las dos ediciones textuales hechas en vida de Beato (776 y 784) mientras que la familia IIa refleja una larga recensión textual del siglo X, de la cual se nos da una versión revisada en la familia IIb.

Los Comentarios al Apocalipsis —siguiendo al profesor Manuel C. Díaz y Díaz— se componen de las siguientes piezas:

A) Un Prólogo general en el que se describen las intenciones del autor, se ofrece el método de exposición que se seguirá y una larga relación de los principales escritores cuyas obras se utilizan.

B) La interpretación, llamada también Prefacio, es una especie de resumen previo del Comentario.

C) El Comentario propiamente dicho distribuido en 12 libros, de desigual extensión, siendo más ricos los seis primeros. Constituye el núcleo mismo de los manuscritos. Generalmente, se adopta el sistema de presentar primero el texto bíblico apocalíptico (Storia), seguido de su correspondiente explicación (Explanatio), donde se insertan las diversas interpretaciones de escritores anteriores relativas a un versículo o parte de él. Dos excursos se han intercalado: uno es el amplio prólogo al Libro II, “De Ecclesia et Sinagoga”, y el otro, el Capítulo sobre el Anticristo (extraído de la Ciudad de Dios de san Agustín) que suele figurar generalmente en el Libro VI. Todos los manuscritos presentan además al final del Libro II el “Tratado sobre el arca de Noé” de Gregorio de Elvira.

D) “Comentario al profeta Daniel” de San Jerónimo, la más importante de las obras que se acumulan a los Comentarios al Apocalipsis, si bien no lo incorporan todos los códices. Entre ambos Comentarios algunos manuscritos presentan el texto:

E) “De adfinitatibus et gradibus” (De las afinidades y grados de parentesco), derivado de las Etimologías de Isidoro de Sevilla, lo mismo que el siguiente.

F) Algunas breves definiciones de códice, libro, volumen, folios y páginas que figuran a continuación de los Comentarios.

G) Finalmente, algunos códices presentan al comienzo las tablas genealógicas de personajes bíblicos propias de los manuscritos de la Biblia, de donde han pasado a nuestros Beatos.

 

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Recuerdos de un renacer del poeta Antonio Machado

En 2003, tras una subasta pública que se llevó Unicaja, se publicaron los “papeles de Sevilla”, un conjunto de cartas, poemas, prosas, borradores, fotografías, que la familia Machado había conservado y que se hacían públicas por primera vez. De aquello guardo algunos recortes y, sobre todo, un hilo que los ata al alma, por usar palabras del poeta para distinguir los recuerdos verdaderos:

…mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no son alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del recuerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.

 

 Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,
los cuerpos virginales a la orilla vieja.

Catalogo primera exposición manuscritos Antonio Machado

Entre otros muchos documentos, se publicaron unos cuadernos de aritmética, con los que Antonio Machado se preparaba las oposiciones para el Banco de España hacia 1906, o borradores como el del “Poema de un día”, autógrafo de la etapa de Baeza (1912-1919); o el del poema CLVIII de Nuevas Canciones, escrito en 1922. Un apartado epistolar, donde hallamos la primera carta a José Ortega y Gasset, escrita hacia 1924, en la que asoma cierta discrepancia con su entonces admirado maestro. Un poema que probablemente alude a Guiomar, escrito hacia 1927, o un texto escrito hacia 1925, que es ejemplo de la dificultad que supuso en muchos casos poder leer los rectificaciones y tachaduras de Antonio Machado. Un poema dedicado a Rabindranath Tagore, escrito entre 1914 y 1918 (I Guerra Mundial), cuando se esperaba que el poeta bengalí visitara España, una visita larga y minuciosamente preparada por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, que al final no se produjo; tres poemas dedicados a Guiomar, escritos con posterioridad a 1927, y uno de los pocos autógrafos de Manuel Machado de los manuscritos, dedicado a Manuel de Falla, publicado en ABC el 20 de Enero de 1947, al día siguiente de la muerte del poeta. una breve biografía del padre de los hermanos, Antonio Machado y Álvarez, a quien su hijo Antonio profesaba gran devoción y del que aprendió afición y respeto por el folclore, como verdadero «saber del pueblo», escrito hacia 1911. No faltaron algunas rarezas, como el manuscrito inédito de Juan de Mairena, escrito en torno a 1934, perteneciente a una colección de doce inéditos, en páginas sueltas, que Machado desestimó, o extravió, para la primera edición de este libro en 1936. Libro que, con el tiempo, se ha afianzado como una aportación decisiva al pensamiento español. O el texto escrito a los pocos días del asesinato de García Lorca, en agosto de 1936, o la carta escrita en junio de 1912, de Antonio Machado a su madre, dándole cuenta de la enfermedad de Leonor. También los apuntes de sus “Cuadernos de Historia”, en el que repasa el reinado de Fernando VII y en el que Machado incluye entre paréntesis un desahogo personal, cuando se refiere al desembarco de los 100.000 hijos de San Luis («1000 h. de p. S. Luis», escribe), que en 1923 restablecieron el poder absoluto del monarca.

En aquel tiempo se preparó una exposición, donde pudimos ver la mayor parte de los manuscritos en los Reales Alcázares de Sevilla. Fue preparada, como la posterior y más amplia de 2010 por Antonio Rodríguez Almodóvar. De aquello guardo unas notas:

Los papeles machadianos que ahora se exponen son manuscritos. «Cada vez van a ser mas valiosos porque nadie escribe ya a mano», dice Almodóvar. Hay tres cuadernos y unas setecientas páginas sueltas, «que hemos leído concienzudamente, hasta lo tachado. Y eso que la letra de Machado no es fácil, lo parece, pero es engañosa». Los borrones son importantes para los filólogos, porque nos dicen cómo ha sido la gestación de un poema y nos da sus variante».

manuscrito de Antonio Machado. Cuaderno 2

Los manuscritos y cuadernos estaban físicamente entre Madrid y Chile, e incluso alguno en Rusia, en manos de la hija de José Machado, Eulalia, que fue una «niña de la guerra». El resto estaba en manos de otra prima, Leonor, hija de otro de los hermanos Machado, Francisco, en Madrid. Leonor es quien mejor se acuerda de su tío. Dice que era un fumador empedernido y no rompía nunca un papel, siempre los arrugaba y los tiraba el suelo.

La conservación de los documentos es buena, «la familia se reunió y quiso ordenar todos los cuadernos y papeles. No hubo problemas. Querían que vieran la luz juntos». El resultado de la investigación han sido diez tomos tras dos años de trabajo.

La mayor parte de los papeles son de Antonio, «de Manuel la mayoría se quedaron en Burgos, donde vivió». Y, como ocurre en muchos casos donde aparecen documentos, hay también sorpresas. «Una de ellas es que ha aparecido un verso dedicado a Sevilla en una hoja suelta. Es un verso inédito que dice así: «entre la luz dorada de Sevilla, abierto el corazón al mundo». Ahí se pone de manifiesto el carácter universal que Machado le otorga a la ciudad de Sevilla», afirma el investigador.

Hay también una curiosa carta dirigida al escritor Gregorio Martínez Sierra donde Antonio Machado se queja de que lo tratan mal los editores por cuestiones económicas. «Doscientas pesetas como precio de un libro paréceme francamente denigrante», escribe Machado en 1912.

Otro dato curioso es la primera dedicatoria de un poema que Machado hace a los hermanos Álvarez Quintero y que luego tacha. «Al final se lo dedica a Ramón Pérez de Ayala. A Machado la versión andaluza de los Quintero no le gusta, incluso lo escribe en un capítulo de Juan de Mairena donde dice: «si esto es Andalucía, prefiero Soria». El folklore de los Quintero le parecía insufrible».

Hay también apuntes de literatura, cuadernos para sus clases y notas. En una de ellas aparece la gestación del aforismo: «todo necio confunde valor y precio». Machado escribe primero: «Cuanto vale, se ignora y nadie sabe ni ha de saber cuanto vale el precio». Así comenzó el trayecto.

Además, revela algo importante en una de las canciones inéditas dedicadas a Guiomar, «por la que podemos saber algo más de esta relación. Dice el poeta: «me buscaste un día. Yo nunca a tí, Guiomar…».

Carta de Antonio Machado a José Ortega y Gasset

Santiago Belausteguigoitia. Sevilla. EL PAÍS, 21 de febrero de 2004. Página 36.

manuscrito 2 Antonio MachadoAlgunas notas:

Página 35: “Sobre todo cuando se van conociendo ecos como el de aquella coplilla de Antonio Machado:

“La República ha venido / de brazos de un capitán. / Niñas, cantad en coro / ¡Viva Fermín Galán.”

Página 113: “De vez en cuando, al calor de un hecho agudo, se me ocurría pergeñar alguno. Pero ni siquiera los utilizaba en nuestros recitales. Todos ellos han ido desapareciendo en el olvido con la misma discreción con que fueron naciendo. En los recitales, aparte los textos de García Lorca, o de Antonio Machado, o de Alberti cuando la defensa de Madrid, mi gran éxito personal era la adaptación que hice de uno escrito por un socialista asturiano: el “Romance de la muerte de un comandante”: “¡Comandante, comandante / cómo te mira hoy España!”

Página 145: “Muchos años después, Manolo Valiente, un escultor poeta anarquizante que gestionaba la Fundación Antonio Machado me dijo en Collioure que aquel día en la Diagonal barcelonesa, fue la primera vez que vio “la poesía volar por los aires.”

Página 168-169: “La noticia de la muerte de Antonio Machado en el vecino pueblo de Collioure no me pareció causar especial conmoción fuera de los más o menos reducidos grupos de intelectuales, en los que se sintió como una gran desgracia más, en el caótico ambiente de confusión. Viene a colación, porque la triste noticia nos llegó gracias a un teniente del Ejército francés, intérprete oficial de aquellos campos. Gaston Prats, miembro de una muy acomodada familia de viticultores del Rosellón, era un hispanista de pro que acababa de pasar siete años en España como becario en la Casa Velázquez de Madrid. Había hecho el mítico viaje de la Alcarria y era un gran admirador de Federico García Lorca, sobre todo. Fue el hombre providencial para que pudiésemos llevar adelante nuestras actuaciones culturales. Y gracias a su ayuda, igualmente, pudo mantenerse allí Adelita.”

Gastón Prats fue uno de los que principalmente se ocuparon de la familia Machado cuando hubieron de apearse del tren en Collioure e instalarse en el Hotel Quintana; les acompañó en los días de la muerte del poeta y de doña Ana, su madre; me contó cómo se había preparado la bandera tricolor que envolvió el féretro; logró el permiso para que fuesen oficiales del Ejército Republicano —que, sancionados, estaban recluidos en el castillo del pintoresco puertecito— quienes lo llevaron a hombros hasta el cementerio. Unos días más tarde, Gastón recibió al hermano, Manuel Machado, llegado de la España franquista con un permiso especial de breve duración.”

libroPágina 231: “Y como inscripción bien visible, la cuarteta de Antonio Machado: ¡Madrid, Madrid, qué bien tu nombre suena / rompeolas de todas las Españas; / la tierra se desgarra, el cielo truena / y tú sonríes con plomo en las entrañas!

Página 315: “Se instaló el Consejo de la Paz en la Maison de la Pensée Française – “Casa del Pensamiento Francés” -, institución cuyo origen y contenido preciso yo no conocía. Debió ser uno de los edificios ocupados por los guerrilleros comunistas franceses durante los combates por la liberación de París; en todo caso, gozaba de gran prestigio en los círculos intelectuales progresistas. Allí, por ejemplo, se organizó el primer homenaje internacional al poeta español muerto en el exilio Antonio Machado, que, entre otras manifestaciones, dio lugar a una gran exposición de obras de casi todos los pintores españoles de la Escuela de París. No cito nombres para no olvidar a nadie; pero diré que se expuso por primera vez en público el cuadro de Picasso A los españoles muertos por la Libertad en Francia.”

Página 368: “Al terminar se visionó la película completa, y me presentaron al traductor. No reparé en su nombre. Con gran satisfacción, oí que me decía algo así: “Nunca pensé que pudiera encontrar en París una voz como la suya para decir un poema de esa manera. ¿No cree que parecen versos de don Antonio Machado?”. “ Pues sí —le contesté—, sobre todo en la plegaria final, la que se dice durante el lento paso de la cámara por la cripta de la catedral.” La alusión a don Antonio Machado me dejó pensativo.”

Página 428: “Al regresar de Alemania, varios participantes en el viaje pasaron por París y nos visitaron en la Casa de la Radio. Uno de ellos conocía a nuestro director francés, Supervielle. Creo que se llamaba Baeza. Recuerdo otro nombre, el de Prados Arrarte. Pero sobre todo acude a mi memoria el de Dionisio Ridruejo, de quien yo tenía noticias como poeta falangista. Se me había dicho que era uno de los autores de la letra del famoso himno «Cara al sol». Yo sentía cierta oscura simpatía hacia él porque era oriundo de esa región típicamente castellana donde también nacieron mi padre y mi madre, al sur de Burgos, en las lindes con Soria; y en lo que conocí de su obra lírica me parecía percibir el tono de honda austeridad fluyente de aquellas tierras «tan tristes que tienen alma», como dijo Antonio Machado. Además, la hermana de mi compañero en la batalla del Norte durante la guerra, Vázquez Sarasola, había ido a entroncar con una familia Ridruejo en Aranda de Duero. Naturalmente, les hice una entrevista, centrada en la personalidad y evolución de Ridruejo. Me explicaron sin ambages los motivos y los resultados de su viaje a Munich, y reafirmaron su postura crítica con respecto al régimen franquista. Ello despertó tal expectación que un redactor del diario hablado en francés me pidió que le ayudara a grabar otra entrevista con ellos para su informativo. En París se nos dijo que, a su regreso, alguno de los viajeros de Munich fue desterrado al Sahara español.”

Volviendo a los papeles, Uno de los tesoros encontrados entre los manuscritos es una carta de Antonio Machado dirigida al filósofo José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955). Se trata de una misiva que no figura en la exposición de los Reales Alcázares de Sevilla.

Querido Ortega: leyendo su trabajo Ni Vitalismo ni Racionalismo, veo cuán hondamente preocupa a V. la ausencia, en España, de un pensar riguroso, de una cierta incapacidad —que no es absoluta— para filosofar. A mí me ha preocupado otra gran ausencia: la de una emotividad lírica, a partir sobre todo de nuestros clásicos. ¿No es un hecho evidente —me pregunto— que en España no ha llegado a madurar ni una filosofía, ni una lírica?,

escribe Machado en el inicio de la carta, que no está fechada.

La misiva demuestra la enorme cultura y la profunda inteligencia de un Antonio Machado capaz de adentrarse en la historia de la literatura española con ideas propias y originales. El teatro de Calderón de la barca, por ejemplo, es uno de los hitos literarios que le ayudan a conocer la forma de pensar de los españoles.

Otro libro, del que no tenía referencia

…pero que, afortunadamente, he podido encontrar, no sin cierta dificultad

 Julián Antonio Ramírez Ici Paris. Memorias de una voz de libertad. Alianza Editorial. Madrid, 2003.

Todo está permitido porque lo real se agita como rata que se tragó el veneno.

(Alain Bosquet)

De Rafael Sanchez Ferlosio

Sólo quiero decir que la barata literatura que se desencadenó a raíz de la llegada a la luna dio en ignorar tan enorme diferencia, remasticando el hecho en una representación pueril. El público, que percibía cómo las prótesis separaban al astronauta de la luna tanto como le permitían andar por ella, reprodujo en sí mismo, en cierto modo, una relación análoga, sintiéndose tan obligado a prestar fe a la noticia como intuitivamente distante e indiferente frente al hecho. Los primeros, emocionados entusiasmos no me hacen objeción; el concepto en vacío puede por un momento ser “caldera al rojo”, como decía Mairena; pero si la intuición tarda en llenarlo, se enfría y descubre su inconsistencia empírica.

Rafael Sánchez Ferlosio, Mientras los dioses no cambien nada ha cambiado, Madrid, Alianza Editorial, 1987, pág. 10.

Alain Bosquet

Todo está permitido porque lo real se agita como rata que se tragó el veneno.

Si no podéis,
o no queréis
—inhombres como ellos—
impedir sus múltiples despojos,
pensad al menos
que, matándolos como a ovejas trucidadas,
están silbando a sus víctimas
de lo común y verdosa cobardía,
del miedo, todo rata,
de la vergüenza mural y congestión.

Que en el lema carnívoro
del hacha y la serpiente
llevan el crimen
al madrugón del Paleolítico.

Que si hablan mal de España,
Cervantes los deshace
con sólo un par de líneas,
y vendrán Fray Luis y Federico y Don Antonio
a rematarlos
con el tiro de gracia
poética.

Que si guardan su patria,
empinada de pólvora y tapiales de tibias,
convertirán a muchos sin esfuerzo
en patriotas de todas las galaxias siderales.

Ellos, en la oscuridad de sus loberas,
no contaban ayer,
día del crimen feral,
con todo esto.

(Alain Bosquet)

Julián Antonio Ramírez. Antonio Machado en España. Boletín nº 9. FAM Collioure. 2001

Es una presencia permanente. A cada paso, en la prensa escrita, surge el eco que aviva el recuerdo de nuestro poeta. Aunque vayan desdibujándose, tal vez por harto manidos, algunos versos que iban pareciendo algo tópicos, como aquel aviso al caminante… “no hay camino
Se hace camino al andar”,

que incluso el Rey repitió en algunos mensajes navideños, nunca pasa mucho tiempo sin que uno lea u oiga en cualquier otro medio de comunicación, alguna reflexión machadiana. Dos muestras de ello, las siguientes, datan de la primavera pasada. Son recortes de diarios alicantinos:

El director de la Casa Museo Azorín de Monóvar presenta hoy, en la inauguración del Congreso Internacional sobre Antonio Machado que se celebra en Segovia hasta el sábado, una ponencia sobre la relación entre ambos escritores, bajo el título “Azorín y Machado. Trasfondo literario y político de sus relaciones”.

En el otro se ironiza textualmente:

Estoicamente y algo atónito aguantó ayer el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, Pedro Romero, el acto infantil celebrado en la plaza del consistorio con motivo del día del Libro. Más que nada porque el presentador del acto, rodeado de niños por todos lados y con la presencia de romero, tuvo la idea de recordar y recitar el poema escrito por Antonio Machado en 1931 con motivo de la proclamación de la República.

Para quien conozca al edil alicantino, la cosa tiene chispa.

Pasando por alto muchos otros recortes, nos detendremos en la reseña de un diario madrileño fechada a fines de julio. Se refiere a un acontecimiento que ha sido ya objeto de muchos comentarios. Pero no está de más recordar algunos flecos:

Titulares de otros años más lejanos

Sevilla. Reconocimiento. Serrat, el “Machadiano”.

El cantautor recibe un homenaje por difundir la obra del poeta.
Joan Manuel Serrat llegó pronto al Ayuntamiento.

“Siempre me han gustado mucho los besos, soy muy besucón”, bromea, micrófono en mano, cuando llega el turno de su intervención. “Este premio representa un beso muy bonito… y el primero pagado que me dan en la vida”, dijo Serrat al recibir el galardón, dotado con dos millones y medio de pesetas. “Lo he hablado con mi familia y está de acuerdo en que este dinero se lo repartan dos ONG de Sevilla y Soria”, añadió. El cantautor habló de los obstáculos que hubo de vencer para sacar el disco “Dedicado a Antonio Machado” en 1969:

“La compañía de discos no tenía fe. Accedió a grabarlo por el éxito que habían tenido los discos anteriores, que habían sido números uno en ventas. Así que lo grabé sin su visto bueno.”

De paso, Serrat ajustó ciertas cuentas con los que no supieron valorar su trabajo, y sentenció:

“La cátedra no fue de lo más halagüeña. Fue dura y despiadada, quizá por aquello que escribió Machado a orillas del Duero sobre la gente que despreciaba lo que ignoraba.”

Serrat, según reconoció ayer, se aprovechó de Machado. “Yo quería decir cosas y no sabía cómo. Y lo que yo quería decir estaba ya dicho en los poemas de Machado”. Poesía clara, vigente… “sus poemas tenían vigencia cuando Machado los escribió. Y también cuando saqué el disco. Incluso ahora”.

Iba a poner punto final cuando rescato otro apunte.

Con motivo del centenario de la generación del ‘98, una evocación en una revista de mis alumnos:

Unamuno, Valle-Inclán, Machado, Azorín, Maeztu… Son los miembros más ilustres de la llamada generación del 98, que intentaron con su pluma regenerar España. Más allá de consideraciones políticas, todos ellos forjaron una época de gran esplendor de las letras españolas.

Casi todos son jóvenes intelectuales de distintos puntos de España que lleva a cabo su aprendizaje literario en el Madrid de los últimos años de la Regencia. Más que un criterio común les une un sentimiento por recuperar la dignidad nacional.

Rodeando una foto de los hermanos Machado, la página dedicada a todos esos rebeldes termina así:

POETA EXTRAORDINARIO Y HOMBRE de gran calidad, Antonio Machado merece cerrar este rápido repaso por la nómina del 98… Se mantuvo fiel a la República hasta el final, pero se vio obligado a huir a Francia en 1939 con su madre y en penosas condiciones. Moría poco después en Collioure y tres días más tarde fallecía su madre. El tiempo, la muerte y Dios, los temas fundamentales de su obra se mezclan con nostálgicos recuerdos de su infancia consiguiendo un tono de soledad y melancolía que le hace inconfundible.

En ese “rápido repaso” se cita como uno de “los autores importantes del siglo, perteneciente a la “generación del 98, a Pío Baroja, de quien se dice que “tenía escasa fe en el ser humano” y “pensaba que la vida carece de sentido” (“Por instinto y por experiencia —dijo— creo que el hombre es un animal dañino”).

Pues bien, pocos días antes había hojeado un libro titulado Aquí París que es una recopilación de crónicas, ensayos breves, artículos escritos por Pío Baroja en la capital francesa donde estaba desde los comienzos de la guerra antes de regresar a la España franquista. Uno de esos escritos esta dedicado a los Machado. Interesa repasarlo textualmente:

Antonio Machado era un hombre bondadoso, persona de sentimientos nobles y capaz de sostener una actitud difícil. El otro hermano, Manuel, era un señorito de poco fiar. Yo conocí a ambos hermanos en Paris a finales del siglo XIX, y entonces Manuel hacia numerosas maniobras para salir de sus atrancos. No tenía muchos escrúpulos. Hallándome yo en París, al final de la guerra civil española, en la Ciudad Universitaria, recibí una carta de Antonio en la que me decía: “Siento la miseria de usted. Le veo paseando por los bulevares de Paris, solo, con las botas rotas, el gabán raído”. Ya era bastante que Antonio Machado tuviese compasión de mi y me lo manifestara cuando el se encontraba en una situación tan mala o peor que la mía. Yo tenía simpatía por Antonio Machado, y en cambio no la tenía por su hermano que era un cuco que se dedicaba a poner su vela en la dirección que le convenía. Al terminar la guerra civil se presento en la Casa de España de la Ciudad Universitaria, Navarro Tomas, y me entregó una nueva carta del poeta Antonio Machado, una cosa muy triste, que me deja profundamente preocupado. Era aquella la carta de un hombre en la agonía. Releí carta con tristeza.

—¿Qué es?—me preguntó uno que estaba en la gala, y a quien yo apenas conocía.

—Este pobre Antonio Machado —dije— debe estar muy enfermo. Me ha escrito una carta que parece la de un moribundo.

—¿La tiene usted ahí?

—Sí. La saqué del bolsillo y se la di para que la leyera. El la cogió, la rompió y tiró los pedazos menudos par la ventana del salón.

—Pero, ¿por qué ha hecho usted eso? —le dije yo.

—Le puede perjudicar a usted —me contestó con frialdad el acompañante.

Antonio Machado era muy amigo mío. Me entristeció su muerte y luego el saber que había muerto abandonado. Los dos poetas españoles mejores del tiempo murieron de una manera triste. García Lorca en una carretera de la provincia de Granada. Antonio Machado en un arenal de la costa francesa del Mediterráneo, próximo a la frontera de España.

Curioso texto. Hay cosas que le dejan a uno perplejo.

 

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Códigos de lectura de los libros medievales (II). La letra Carolina

Minuskel Karolingische. Carolina, minúscula carolingia, pequeña carolina, o simplemente minúscula. La minúscula (o Carolina) era más fácil de leer y escribir. Cuando se pasó a escribir en minúscula, se mantuvo la mayúscula para encabezar algunas palabras; en alemán, todos los sustantivos, mientras que en español y otras lenguas romances, sólo los nombres propios. Su nombre se debe a su uso generalizado como grafía a partir de la extensión del sacro Imperio Romano Germánico por Carlomagno.

 Carlomagno por Durero

Carlos I el Grande, conocido como Carlomagno (Aquisgrán, 742—Aix-la-Chapelle, 814), fue el monarca francogermano que restauró el Imperio en Europa occidental. Hijo primogénito del rey de los francos, Pipino el Breve, heredó el Trono al morir su padre (768) y lo completó con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán, al morir éste en el año 771.

Su política expansiva continuó con la conquista y anexión del reino lombardo (el norte de Italia), realizada en el 774, mediante una alianza de los francos con el Papado. Dominada Italia (aunque pervivían tendencias particularistas, especialmente fuertes en los ducados meridionales de Spoleto y Benevento), Carlomagno concentró sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804.

Carlomagno dominaba así el más importante reino de la Europa de su época; pero para mantenerlo tuvo que combatir continuamente: unas veces contra rebeliones o resistencias internas y otras para asegurar las fronteras contra enemigos exteriores. Entre estas últimas cabe destacar la guerra contra los ávaros en la frontera oriental, que le llevó a dominar los territorios actuales de Hungría, Croacia y parte de Serbia; y también un intento infructuoso de penetrar en España, abortado por la derrota que le infligieron en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para crear una Marca Hispánica sometida al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona.

Imperio Franco-Germánico

Muchas son las teorías acerca del origen de la minúscula carolingia y ninguna es definitiva. Se ha defendido un origen romano (Liber Diurnus, escrito en Roma), franco (Biblia de Mordanno, escrita en Corbie) o incluso poligenético (teoría de Schiaparelli) que defiende que este tipo de escritura no fue producto de un lugar o centro concreto, sino el resultado del vasto movimiento cultural de índole general como el que se dio en el Renacimiento carolingio de los tiempos de Carlomagno. El nuevo orden político y religioso universal, despertado en esta etapa, debía ir acompañado de una nueva escritura universal, papel que desempeñó la escritura carolingia. Esta fue en parte creada conscientemente en la corte carolingia como elemento unificador y difusor de cultura.

La letra Carolina o Carolingia se estableció como lo que hoy llamaríamos Tipografía corporativa por el emperador Carlomagno. Se propagó rápidamente no sólo en el enorme territorio del Reino Franco, que se extendía hacia el Ebro, sino también por todo el occidente cristiano.

La carta y otros documentos oficiales fueron primero los usos esenciales de la grafía Carolina medieval, y su adopción se inserta en el movimiento de renovación intelectual impulsado por Carlomagno, quien, aunque prácticamente analfabeto, fue un gran impulsor del estudio de la antigüedad y de la recuperación de la herencia griega y romana. La mayoría de los documentos en latín y griego, cruciales a la cultura humanista, fueron copiados en Carolina y difundidos por los conventos de Tours, Lorsch, Reichenau, Saint Gallen y otros.

 manuscrito 1
 manuscrito 2

Manuscrito francés de la segunda mitad del siglo VIII

Origen de la escritura carolina

unciales (Letras unciales, Libro de Kells, del año 800)

En realidad, la escritura carolina ya existía antes de que Carlomagno ascendiera al trono y antes de llegar a ser la «tipografía corporativa» en su Reino. De este tipo se deriva el primer francés pequeño caligráfico. La primera de estas escrituras nació en Luxueil y lleva el nombre de esta Fundación monástica irlandesa y alcanzó su apogeo alrededor del año 700. La carolina retomó algunas formas de Letras unciales (mayúsculas, tomando “mayúscula” en su sentido paleográfico, es decir, un tipo de letra que queda determinado por dos líneas paralelas horizontales, mientra que la minúscula requiere de cuatro) y semiunciales. Las letras redondas, de rasgos regulares, ofrecen la claridad suficiente para asegurar (incluso hoy) al lector una gran legibilidad y al escribano un movimiento fluido y fácil.

El proyecto de implementación de la Carolina en el Reino Franco fue dirigido por el Abad Alcuino de York en Inglaterra, más tarde maestro del scriptorium del monasterio de San Martín de Tours, en colaboración con la escuela de escritura y de la cancillería imperial de Carlomagno. Alcuino nació en York, Northumbria (Gran Bretaña), en 735 y murió el 19 de mayo 804 en Tours (Francia). Estudió en la escuela Minster de York y probablemente también en Italia. Enseñó durante unos 15 años en la escuela de la Catedral de York, donde creó una de las mejores bibliotecas de Europa luego y transformó la escuela en uno de los mayores centros de saber.

Alcuino, llamado en 782 a asesorar y ayudar a Carlomagno, logró en pocos años la estandarización de la escritura en todas las provincias del vasto imperio franco— el dominio europeo más grande desde el imperio romano. Fundó la escuela del Palacio de Aquisgrán, donde les enseñaron las siete artes liberales, según el sistema educativo de Casiodoro. Con el apoyo incondicional del emperador Carlomagno, Alcuino de York fue el promotor de una vasta campaña de alfabetización y escritura unificada basada en la grafía Carolina.

Más tarde, sobre el 800 fue la grafía oficial del sacro imperio romano, un nuevo impulso de homogeneización y estandarización de la escritura en gran parte de Europa. Esta fue una decisión política: una secuencia de órdenes que se impuso deliberadamente para poner fin a la confusión causada por los diferentes territorios bastardos imperantes en el Reino Franco y estandarizar la escritura en todas las provincias, haciéndola más fácil de leer, al tiempo que favorecía el intercambio de documentos.

En 819, la Carolina ya había sido introducida con éxito en la mayoría de cancillerías, escuelas y comercios del Reino Franco. Con unas pocas excepciones, la Carolina se expandió rápidamente por toda Europa Central. Después romana, era la nueva escritura universal.

Contrariamente a lo que el nombre sugiere, la carolina minúscula incluyó letras mayúsculas en muchos textos; Además, los monjes copistas a menudo combinaban esta letra con Capitalis quadrata y Capitalis rustica o alfabetos unciales, consiguiendo armoniosos contrastes gráficos. Las quadrata las solemos encontrar en papiro y pergamino, mientras que las rustica tienen una forma similar pero más simplificada y adaptada a otros materiales de soporte.

En la Península Ibérica, la Carolina entró muy tarde. Es en los siglos XI-XII cuando se produce la transición de las grafías visigodas. El nuevo sistema de escritura penetró por el Camino de Santiago y la llegada de la orden francesa de Cluny en el Reino de León, al que pertenecía en ese momento Galicia. Se expandió más rápidamente por ciudades como Santiago de Compostela; el mundo rural, fuera de las corrientes innovadoras dio permanencia a los visigodos.

El arzobispo gallego Xelmírez tuvo gran papel tanto en acontecimientos políticos como culturales; las nuevas tendencias se manifestaban en letra Carolina, que tuvo en él un gran defensor.

La minúscula carolingia era clara y uniforme, con formas redondeadas, disciplinada y sobre todo, legible. Las letras capitales claras y los espacios entre palabras —normas que tomamos de esta escritura— se convirtieron en estándares en la minúscula carolingia, la cual fue resultado de una campaña para alcanzar culturalmente una unificación, una estandarización a lo largo del Imperio carolingio. La escritura carolingia generalmente tiene menos ligaduras que otras escrituras contemporáneas, aunque la conjunción et (que como explicamos en otro artículo, evolucionó a la grafía &), y las ligaduras de æ, rt, st, y ct son comunes. La letra d a menudo aparece en forma uncial, con un asta ascendente inclinándose hacia la izquierda, pero la letra g es esencialmente la misma que posee la moderna minúscula. Las astas ascendentes usualmente se hacen más densas.

La Carolina fue utilizada desde el siglo IX hasta el siglo XIV, con bellos ejemplos de expresión de esta letra. Cuando tuvo su apogeo, coincidió con el inicio de la letra gótica, se convirtió en obsoleta, hasta renacer renovada en el Renacimiento en que volvió a universalizarse. Hoy en día, la Carolina continúa viviendo en nuestra tipografía cotidiana, después de fusionarse con las distintas formas romanas.

Como este texto.

 

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Códigos de lectura de los libros medievales (I) Las primeras dificultades

Códices Medievales y Notas Tironias

La lectura de un libro medieval puede no parecer tan diferente de la lectura de un volumen de nuestra propia estantería: sólo hay que cogerlo, abrir la primera página y empezar a leer. Sin embargo, aparte del hecho de que realmente no se pueda sostener un libro medieval de tamaño medio en la mano —un solo volumen a menudo pesa tanto como toda una estantería de libros de hoy en día— no es tampoco el mayor problema cuando realmente empiezas a leer. El primer gran problema es que necesitas para descifrar un poco. La primera ronda de decodificación comienza cuando tus ojos se encuentran con la página.

Beato de Cirueña

Fig. 1. Folio del Beato de Cirueña, hoy en Silos. MS 25, fol. 24a-v, detalle (finales del siglo IX)

  Las letras en él se conforman de manera muy diferente a lo que nuestro cerebro suele estar acostumbrado, por lo que nuestra cabeza empieza a darle vueltas, lo que tal vez, incluso, nos lleve a renunciar. Veamos lo que sucede cuando uno lee este fragmento del famoso Beato de Cirueña (Fig. 1­). ¿Sencillo? Si lo viéramos a tamaño real, con un poco de esfuerzo, lo podríamos leer bien.

Cuando hayamos terminado con eso, tratemos de descifrar el segundo, un autógrafo escrito en lo que se le califica apropiadamente como una “littera inintelligibilis” de Tomás de Aquino (Fig. 2).

Biblioteca Vaticana Tomás de Aquino

Fig. 2 – Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 9850, autógrafo de Aquino, 1260-65

El siguiente manuscrito es muy anterior al autógrafo de Tomás de Aquino:

Leiden, Biblioteca Universitaria, VLQ MS 69, fol. 24v, Detalle (siglo IX)

Fig. 3 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLF MS 30, fol. 22v (siglo IX)

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